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La meditación diaria con Krishnamurti


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Cuando hay amor, el «yo» está ausente


La realidad, la verdad, no puede ser reconocida. Para que la verdad se manifieste, deben desaparecer la creencia, los conocimientos, la experiencia, la persecución de la virtud -que es muy diferente de ser virtuoso-. La persona virtuosa, consciente de que persigue la virtud, jamás puede encontrar la realidad. Puede ser una persona muy decente; esa persona es por completo distinta del hombre que pertenece a la verdad, del hombre que comprende. Para ese hombre, la verdad se ha manifestado. Un hombre consciente de ser virtuoso y, por lo tanto, de ser justo, jamás puede comprender qué es la verdad, porque la virtud es para él la cubierta del «yo», el fortalecimiento del «yo», dado que está persiguiendo la virtud. Cuando dice: «Debo vivir sin envidia», el estado en el cual es no envidioso y que él experimenta, fortalece el «yo». Por eso es tan importante ser pobre, no sólo en las cosas del mundo, sino también en creencia y en conocimiento. Un hombre rico en riquezas mundanas, o un hombre rico en creencias y conocimientos, jamás conocerán nada sino oscuridad, y serán centro de todo daño y de toda desdicha. Pero si ustedes y quien les habla, como individuos, podemos ver todo este funcionamiento del «yo», sabremos qué es el amor. Les aseguro que ésa es la única reforma que puede cambiar al mundo. El amor no es el «yo»; el «yo» no puedo reconocer el amor. Uno dice «yo amo», pero entonces, en el decirlo mismo, en el propio experimentarlo, está ausente el amor. Cuando amamos, el «yo» está ausente. Donde existe el amor, no existe el «yo».

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