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La meditación diaria con Krishnamurti


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El sexo


El sexo es un problema porque parecería que en ese acto hay completa ausencia del «yo». En ese instante uno es feliz, ya que hay una cesación de la conciencia de sí mismo; y, al desear más de ello, más de la abnegación del «yo», en la cual hay felicidad completa sin pasado ni futuro, al exigir esa felicidad completa por medio de la fusión total, de la integración, es natural que ello se convierta en algo de suma importancia. ¿No es así? Por ser algo que ofrece un júbilo genuino, un completo olvido de nosotros mismos, queremos más y más de ello. Ahora bien, ¿por qué quiero más de ello? Porque en todo lo demás estoy en conflicto, porque en todos los otros niveles de la existencia hay fortalecimiento del «yo». Económica, social y religiosamente, hay un constante espesamiento de la conciencia de mí mismo, el cual implica conflicto. Después de todo, uno es consciente de sí mismo sólo cuando hay conflicto. La autoconciencia es, en su naturaleza misma, el resultado del conflicto [...].

De modo que el problema no es, ciertamente, el sexo, sino cómo estar libre del «yo». Uno ha experimentado, por unos pocos segundos o por más tiempo, esa condición en la que el «yo» está ausente; y cuando el «yo» está ahí, hay conflicto, desdicha, lucha. En consecuencia, existe el constante anhelo por más de ese estado libre del «yo».

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