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La meditación diaria con Krishnamurti


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La mente trivial


Una mente apasionada que tantea, busca, se abre paso, que jamás se afirma en sí, misma, que no acepta tradición alguna, una mente joven, ¿cómo ha de surgir a la existencia? Es indispensable que eso ocurra. (Es obvio que una mente trivial no puede trabajar en ello. Una mente trivial que trata de volverse apasionada tan sólo lo reducirá todo a su propia trivialidad). Eso debe ocurrir, pues, y puede ocurrir sólo cuando la mente ve su propia trivialidad y, sin embargo, no intenta hacer nada al respecto. Me expreso con claridad? Probablemente no. Pero como dije antes, cualquier mente limitada, por vehemente que sea, seguirá siendo trivial. Eso es evidente, por cierto. Una mente pequeña, aunque pueda ir a la Luna, aunque pueda adquirir una técnica, aunque pueda argumentar y defenderse con habilidad, es aún una mente pequeña. Por lo tanto, cuando la mente pequeña dice: «Debo ser apasionada para hacer algo que valga la pena», su pasión será, sin duda, muy insignificante, ¿no es así? Como el montar en cólera ante alguna pequeña injusticia, o pensar que todo el mundo está cambiando por obra de alguna trivial, pequeña reforma que, en una insignificante aldea sin importancia, ha hecho una mente insignificante y sin importancia. Si la mente pequeña ve todo eso, entonces la percepción misma de que es pequeña hace que toda su actividad experimente un cambio.

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