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La meditación diaria con Krishnamurti


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Llegar a la fuente con las manos vacías


No es difícil que advenga la compasión cuando el corazón no está lleno con las astutas cosas de la mente. Es la mente con sus exigencias y temores, sus apegos y rechazos, sus determinaciones e impulsos, la que destruye el amor. ¡Cuán difícil es ser sencillos respecto de todo esto! No necesitamos filosofas y doctrinas para ser amables y bondadosos. Los eficientes y poderosos del país se organizaran para alimentar y vestir a la gente, para suministrarle albergue y cuidados médicos. Esto resulta inevitable con el rápido incremento de la producción; es la función de un gobierno bien organizado y de una sociedad equilibrada. Pero la organización no origina generosidad del corazón y de la mano. La generosidad proviene de una fuente muy distinta, una fuente mas allá de toda medida. La ambición y la envidia la destruyen tan firmemente como el fuego quema. Esta fuente debe ser alcanzada, pero uno tiene que llegar a ella con las manos vacías, sin plegarias, sin sacrificios. Los libros no pueden enseñarnos acerca de esta fuente, ni hay gurú que pueda conducirnos a ella. Esta fuente no puede alcanzarse mediante el cultivo de la virtud -si bien la virtud es necesaria-, ni por medio de la capacidad y la obediencia. Cuando la mente está serena, sin movimiento alguno, la fuente está ahí. La serenidad carece de motivo, está libre del impulso por el «más».

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