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Esa inteligencia que trae orden y paz

Tercera charla pública en Brockwood Park, 1982

Sábado 4 Setiembre 1982

Quedan dos charlas más, la de hoy y mañana. Creo que juntos debemos hablar de si es posible vivir en paz en este mundo. Considerando lo que sucede en la tierra, donde el hombre vive, donde ha generado tanto caos, guerras y las cosas terribles que están ocurriendo en el mundo. No se trata de un punto de vista optimista o pesimista, sino de ver los hechos tales como son. Aparentemente, no es posible tener paz en esta tierra, vivir en armonía, con afecto mutuo en nuestras vidas. Para vivir en paz, tener un poco de paz con uno mismo y con el mundo, se requiere mucha inteligencia. No sólo hablar de « paz » y esforzarse para vivir pacíficamente, lo cual se convierte en una vida vegetativa, sino inquirir si es posible vivir en este mundo donde existe tanto desorden, tanta falta de seriedad, si podemos usar esa palabra anticuada, si uno puede vivir realmente con esa cualidad de mente y corazón que esté en paz con uno mismo. No esa constante lucha, ese conflicto, esa competitividad... ese imitar y conformarse, tampoco vivir una vida de satisfacción, de realización, o una vida que ha conseguido cierto resultado, cierta fama, notoriedad o bien estar, sino tener esa cualidad de paz. Deberíamos hablar de eso juntos. Deberíamos investigar conjuntamente, para averiguar si es posible vivir... vivir en paz, no la paz mental, eso sólo sería un pedazo, una pequeña parte, hablamos de esa peculiar cualidad de quietud pero tremendamente viva, sosegada, tranquila, quieta, con un sentido de dignidad, libre de vulgaridad, ver si uno puede vivir una vida así.

No sé si se han hecho esa pregunta, con ese desorden total alrededor. Creo que uno debe ser muy claro: externamente hay un desorden total. Cada mañana si leen cosas terribles en los periódicos, aviones que vuelan a una velocidad asombrosa de un rincón a otro de la tierra sin recargar combustible, con cantidad de bombas y gases que pueden destruir al hombre en segundos. Observar todo esto y darse cuenta en qué se ha convertido el hombre... y cuando se hacen esta pregunta, pueden pensar que es imposible, que no es posible vivir en este mundo, totalmente, internamente en calma, sin problemas, vivir una vida sin egoísmo. ¿Cómo abordaremos eso? Hablar, usar palabras, tiene muy poco significado, sin embargo, averiguar a través de palabras, de una comunicación mutua, encontrar, descubrir o llegar a un estado de completa calma, eso requiere inteligencia, no fantasía o alguna peculiar ilusión llamada meditación, ni alguna forma de auto-hipnosis, y para llegar a ello, como hemos dicho, requiere inteligencia.

De modo que preguntamos, ¿qué es la inteligencia? Como decíamos el otro día, es percibir lo que es ilusorio, lo que es falso, lo que no es real y descartarlo, no sólo afirmar que es falso y continuar de la misma manera, sino descartarlo totalmente; eso es parte de la inteligencia. Ver, por ejemplo, el nacionalismo con todo su peculiar patriotismo que... aisla, divide, es muy destrutivo para el mundo, es un veneno para el mundo. Se trata de ver esa verdad y descartar lo falso, eso es inteligencia. Pero, seguir con ello, reconocer que es estúpido pero seguir, eso es parte íntegra de la estupidez y del desorden, eso crea desorden. De modo que la inteligencia es, estamos hablando juntos, no estoy diciendo lo que es o no es, estamos investigando con seriedad este asunto, ¿qué es esa inteligencia que por sí sola puede traer paz y completo orden en nuestras vidas. Dijimos que eso sólo puede suceder, cuando hay esa extraordinaria cualidad de la inteligencia. E inteligencia no es argumentar con astucia, exponer conocimientos y opiniones contradictorios, y con esas opiniones encontrar la verdad, no es posible. Se trata de darse cuenta que la actividad del pensamiento con sus capacidades y sutilezas, esa extraordinaria extensión del pensamiento, no es inteligencia. La inteligencia está más allá del pensamiento. Por favor, no acepten lo que dice quien les habla, estamos observando e investigando. Así quepara vivir en paz, uno debe averiguar qué es el desorden. ¿Por qué los seres humanos, que se supone han evolucionado enormemente, lo cual dudo, extremadamente capaces en ciertas áreas, por qué viven y toleran el desorden en su vida diaria? Si podemos descubrir la raíz de ese desorden, la causa y observarla detenidamente, el mismo observar de lo que es, la causa, esa observación es el despertar de la inteligencia. No que debería haber orden y esforzarse para tenerlo. O sea, una mente desordenada y confusa, un cerebro, nuestra vida ese desorden, ese estado de la mente, contradictorio, antagónico, una mente así buscando orden, eso sigue siendo desorden. No sé si lo comprenden. Estoy confundido, inseguro, voy de una cosa a otra, agobiado por muchos problemas; y de esa vida, de esa mente, de esa manera de vivir quiero obtener orden. Así que mi orden nace de la confusión, por consiguiente, es confusión. No sé si lo ven. ¿Lo ven?

Cuando elijo el orden del desorden, eso es, esa elección todavía se basa en el desorden. Si esto está claro, entonces, ¿qué es el desorden, su causa? Como decíamos, tiene muchas causas: el deseo de realizarse, la ansiedad de no lograrlo, la vida contradictoria que uno lleva, diciendo una cosa y haciendo otra totalmente diferente, tratando de reprimir para lograr algo, todo eso son contradicciones en uno mismo. Uno puede descubrir muchas causas, pero la búsqueda, buscar las causas no tiene fin. Sin embargo, podríamos preguntarnos si de todas ellas, existe una única causa, ¿hay una causa raíz? Es obvio que debe haberla. Nosotros decimos que la causa raíz es el « yo », el mí, el ego, la personalidad que es creada por el pensamiento, por los recuerdos, por diferentes experiencias, por ciertas palabras y cualidades, etc. Esa sensación de separación, de aislamiento, esa es la causa raíz de este desorden. Por más que el « yo » trate de no ser « yo », aún es una búsqueda del « yo ». ¿No es así? El « yo’ puede identificarse con la nación, esa identificación con algo más grande sigue siendo el « yo » glorificado. Cada uno de nosotros hace eso de diferentes maneras. De modo que existe el « yo », creado por el pensamiento, que es la causa raíz de este desorden total en el que vivimos. Si decimos que es imposible deshacerse del « yo », eso es una postura incorrecta. Pero si observamos lo que causa el desorden y como uno se ha acostumbrado al desorden, viviendo en ese desorden y aceptándolo como algo natural, si empezamos a cuestionarlo e investigarlo, veremos que esa es la raíz del desorden; se trata de observar... sin ánimo de hacer algo al respecto, entonces en esa misma observación empieza a disolverse el centro que es la causa del desorden. ¿De acuerdo? ¿Estamos entendiendo todo esto juntos?

Decíamos que la inteligencia es ver lo que es verdad, descartar totalmente lo que es falso y ver la verdad en lo falso. Ser consciente de todas las actividades del pensamiento, no es inteligencia porque el pensamiento es el producto del conocimiento, que es el resultado de la experiencia como memoria, y la respuesta de esa memoria es el pensamiento. En consecuencia, el conocimiento siempre es limitado, eso es obvio, no existe el conocimiento perfecto. El pensamiento con toda su actividad y conocimiento no es inteligencia; ¿no es cierto? De modo que preguntamos, ¿qué lugar ocupa el conocimiento en la vida? Porque toda nuestra vida se basa en el pensamiento, cualquier cosa que hagamos se basa en el pensamiento. ¿De acuerdo? Eso está claro. Toda nuestra actividad se basa en el pensamiento, nuestras relaciones se basan en el pensamiento, nuestros inventos, lo tecnológico y lo no tecnológico son actividades del pensamiento. Los dioses y los rituales que hemos creado, las misas y todo ese circo, todo es un producto del pensamiento. Y bien, ¿qué lugar ocupa el conocimiento en la degeneración humana? Por favor, tienen que investigarlo, tienen que hacerse esa pregunta. ¿Podemos continuar?

Hemos acumulado enorme conocimiento, ya sea en ciencia, psicología, en biología o matemáticas, etc., gran cantidad de conocimiento. Y pensamos que creceremos a través del conocimiento, que nos liberaremos, nos transformaremos. Estamos preguntando qué lugar ocupa el conocimiento en la vida. ¿Nos ha transformado el conocimiento, nos ha hecho buenos? De nuevo, otra palabra anticuada. ¿Nos ha dado integridad? ¿Es parte de la justicia? ¿Nos ha traido libertad? Sin duda, nos ha dado libertad en el sentido de poder viajar, de comunicarnos desde un país a otro. Todo esto se basa en el conocimiento y en el pensamiento. Mejor comunicación, mejores sistemas de aprendizaje, etc., los ordenadores y la bomba atómica. Todo es el resultado de una gran cantidad de conocimiento acumulado, pero ¿nos ha dado libertad ese conocimiento, una vida justa, una vida esencialmente buena?

De nuevo, examinemos esas tres palabras: libertad, justicia y bondad. Uno de los problemas ha sido, estas tres palabras, desde siempre la gente ha luchado para averiguar si es posible vivir una vida justa. La palabra « justo » quiere decir virtuosidad, rectitud, actuar con benevolencia, con generosidad, sin odio ni antagonismos. ¿Saben lo que significa llevar una vida justa, una vida recta? No una vida basada en un patrón, en unos ideales extravagantes productos del pensamiento, sino una vida de gran afecto, una vida que sea justa, auténtica, correcta. En este mundo no existe la justicia. Usted es astuto y yo no, tiene poder y yo no, puede viajar por todo el mundo y conocer a gente importante y yo vivir en un pueblo pequeño, en una casa pequeña y trabajar duro, ¿dónde está la justicia ahí? ¿Hay justicia en las actividades externas? Es decir, usted puede ser primer ministro, presidente, director de un gran negocio internacional, de grandes empresas, y puede que yo siempre sea un oficinista de tercera, un soldado. Buscamos justicia en lo externo, o sea, intentamos establecer un estado igualitario, lo están intentando en todo el mundo, pensando que eso traerá justicia. ¿O debemos encontrar la justicia fuera de todo esto? Por favor, al hacer esa pregunta, son ustedes que la hacen, no el orador, el orador sólo está poniendo en palabras lo que estamos investigando.

Justicia implica cierta integridad, ser total, integral, no fraccionado, no fragmentado, y eso sólo puede suceder cuando no hay comparación. Pero nosotros siempre nos comparamos, mejores autos, mejores casas, mejor posiciones, mejor poder, etc.; eso es medir. Cuando se mide no puede haber justicia; ¿entienden? Por favor, mírenlo. Donde hay imitación y conformismo no puede haber justicia, eso es seguir a alguien. Escuchamos esas palabras, no vemos la belleza y cualidad de estas cosas, su profundidad, superficialmente podemos estar de acuerdo y olvidarnos. Pero la comprensión de las palabras, captar su profundidad deja huella, una semilla. La justicia debe estar dentro, en nosotros.

Y también la palabra « bondad », es una palabra anticuada, uno casi nunca la utiliza. El otro día estuvimos hablando con un psicólogo bastante conocido, y uno usó esa palabra, él se horrorizó, dijo: « Es una palabra anticuada, no la use ». Pero a uno le gusta esa buena palabra. (Risas) Y bien, ¿qué es la bondad? No es el opuesto de lo malo. Si fuera el opuesto de lo malo, entonces la bondad tendría su raíz en la maldad. No sé si se dan cuenta de esto. Todo lo que tiene un opuesto debe tener en su raíz su propio opuesto; ¿no es verdad? Así, la bondad no está relacionada con aquello considerado malo, no tienen nada que ver el uno con el otro. De modo que debemos mirarlo tal como es, no como una reacción opuesta, como una reacción a lo opuesto; ¿de acuerdo? La bondad implica una cualidad de profunda integridad. Integridad es ser total, no dividido, no fragmentado internamente. Y bondad también significa una manera correcta de vivir, no según la iglesia o el concepto moral o ético de bondad, sino de una persona que ve lo que es verdad y lo que es falso, y mantiene esa cualidad de sensibilidad que de inmediato ve y actúa. Y la palabra « libertad » es una palabra muy compleja. Cuando hay libertad hay justicia y bondad. De modo que juntos debemos investigar qué es la libertad.

Por favor, señor, estamos investigamos juntos, no sólo están escuchando a quien habla. Si meramente escuchan a quien habla y saca algunas ideas, espero que no lo haga, si meramente escucha, entonces eso se convertirá en una conferencia más, en sermón más, y uno está harto de esa clase de cosas, para esto, pueden ir a la iglesia. Pero si esas palabras le dicen algo, despiertan su propio significado, abren una puerta para que vea la profundidad de esas palabras, y no, « quiero liberarme de mi enojo », lo cual es muy..., o « tengo dolor de cabeza y quiero deshacerme de él », o « tengo una relación que es muy pesada », que me aburre y quiero divorciarme ». Libertad para nosotros ha significado capacidad de elección, uno elige y cree que es libre; ¿verdad? Es así, pueden elegir irse al extranjero, pueden elegir su trabajo o lo que quieren hacer, aunque en un mundo totalitario no pueden hacer todo eso, les machacarían, quieren que se adapten, que obedezcan, que sigan. Y en el llamado mundo democrático todavía está esa elección que llamamos libertad. ¿Hay libertad en la elección? Por favor, investíguenlo. ¿Quién elige? ¿Y por qué tiene uno que elegir? Si uno tiene muy claro su propia capacidad de pensar objetivamente, de manera impersonal, no sentimental, sino muy precisa, cuando hay libertad no es necesario elegir. O sea, si no hay confusión, entonces no es necesario elegir. Sólo una mente confundida elije. Es así, mírense a sí mismos. Cuando eligen entre dos parlamentarios no saben a quién votar, de modo que eligen al que más les gusta, al que mejor suene verbalmente, ya conocen todo este juego.

y bien, ¿qué es libertad? Libertad no es el opuesto de reclusión; ¿de acuerdo?, entonces, de nuevo se vuelve una clase totalmente diferente de escape. De manera que la libertad no es un escape, de nada. Eso implica un cerebro condicionado por el conocimiento, y el conocimiento siempre es limitado, por tanto, siempre viven dentro del campo de la ignorancia, esos cerebros son máquinas de pensar, pero a través del pensamiento no puede haber libertad. Me pregunto si ven todo esto. Es decir, todos vivimos con alguna clase de miedo, miedo al mañana, miedo a las cosas del pasado, y desde este miedo buscamos libertad, por consiguiente, la libertad tiene causa. O sea, tengo miedo, he encontrado la causa de ese miedo, y si ahora me deshago de ese miedo, seré libre. Siempre que hay una causa el efecto puede terminar, como una enfermedad, si uno la tiene, si investiga esa enfermedad y la causa de esa enfermedad, entonces puede curar esa enfermedad. No obstante, si pensamos en términos de causalidad y libertad, entonces esa libertad no es realmente libertad. La libertad no es un cierto período en nuestra vida, sino libertad a lo largo de toda la vida, así, la libertad no tiene causa; ¿entienden?

Ahora que hemos aclarado todo esto, miremos la causa del dolor y si esa causa puede terminar. El hombre, todos nosotros, de una manera u otra, hemos sufrido algunas muertes, falta de amor, o un amor no correspondido, el dolor tiene muchas facetas. Desde la antigüedad, el hombre ha intentado escapar del dolor, y después de todos estos millones de años, seguimos sufriendo. El hombre, y la mujer también, han derramado incalculables lágrimas. Han habido guerras que han producido tanta agonía en los seres humanos, gran ansiedad y, aparentemente, no hemos sido capaces de liberarnos de ese dolor. Esta no es una pregunta retórica, pero ¿es posible que el cerebro, que la mente humana, que el ser humano se libere totalmente de de la ansiedad, del dolor y de todas sus consecuencias?

Vayamos juntos, caminemos juntos en el mismo sendero para descurbrilo. En el mismo sendero, caminemos juntos para ver si podemos, en nuestra vida diaria, terminar con esta terrible carga que el hombre ha llevado desde siempre hasta ahora. ¿Cómo abordarán semejante pregunta? Nos preguntamos, la cuestión es: el fin del sufrimiento. ¿Como lo afrontarán? ¿Cuál es su respuesta ante esa pregunta? ¿Cuál es el estado de su mente, su cualidad, cuando se hacen semejante pregunta? Mi hijo murió, mi esposo se ha ido, algunos amigos me han traicionado, he continuado pero ha sido infructuoso después de 20 años. El sufrimiento contiene gran belleza y dolor. Ahora bien, ¿cómo reacciona cada uno ante esa pregunta? Responderemos: « No quiero ni mirarlo », « he sufrido », « es el destino del hombre ». Lo racionalizo, lo acepto y lo olvido. Han tratado de resolverlo de esa forma, pero no han resuelto el problema. O sino, traspasan ese dolor a un símbolo y le rinden culto, como hacen en el cristianismo. O como han hecho los antiguos hindúes, es el destino, es el karma. O en el mundo moderno decimos que los responsables son los padres, la sociedad, o que hemos heredado cierta clase de genes, en consecuencia debemos sufrir, etc., etc. Se han dado miles de explicaciones, pero estas explicaciones no han resuelto la pena ni el dolor del sufrimiento.

Así pues, ¿cómo afrontaremos este asunto? ¿Queremos afrontarlo directamente? O, ¿casualmente, con miedo? ¿Cómo afrontaremos semejante problema? Afrontarlo quiere decir aproximarse al problema, estar muy cerca. O sea, ¿es el sufrimiento diferente del observador que dice, « sufro »? Cuando dice, « sufro », se está separando de esa sensación, por tanto, no se aproxima al sufrimiento, no se acerca, no lo toca, no lo palpa. Así, ¿podemos dejar de evitarlo, transmitirlo, escapar de él, sino acercarnos tanto de manera que yo soy el sufrimiento? ¿Ven esto? Así mismo, yo soy la ira, yo soy la envidia. Pero también he inventado la idea de la no-envidia, esa invención pospone, aplaza, sin embargo, el hecho es que yo soy la envidia, soy el dolor. ¿Se dan cuenta de lo que eso significa? Nadie ha causado mi dolor, ni que mi hijo murió y por eso lloro. Puedo llorar por mi hijo, por mi mujer, por lo que sea, pero eso es una expresión externa del dolor de la pérdida. Esa pérdida es el resultado de mi dependencia a esa persona, de mi apego y supeditación, de mi sentimiento de estar perdido sin él. Así somos... como siempre, tratamos de actuar sobre los síntomas, nunca profundizamos en la raíz de ese enorme problema que es el dolor. Así, no estamos hablando de los efectos externos del dolor, de hacerlo, pueden tomar una droga y apaciguarse muy fácilmente, o tomar una pastilla y pasarse así el resto de sus vidas, no el resto de sus vidas, pueden ponerle fin. Pero juntos estamos tratando de encontrar por nosotros mismos, no que nos digan y luego aceptarlo, sino descubrir cual es la raíz.

¿Es el tiempo el causante del dolor? No el tiempo del reloj o del día, del amanecer o anochecer, sino el tiempo que el pensamiento ha inventado en el campo psicológico; ¿entienden?

Interlocutor: ¿Qué quiere usted decir por tiempo psicológico?

Krishnamurti: Lo explicaré, señor; tenga un poco de paciencia, señor. Estamos haciendo una pregunta muy seria, no me está preguntando a mí qué es el tiempo psicológico, se está haciendo esa pregunta a sí mismo. Tal vez, el que habla pueda señalarlo, ponerlo en palabras, pero es su propia pregunta. Tengo un hijo, un hermano, una esposa, un padre, lo que sea, una madre, y los pierdo. Ya no están, nunca regresarán, han desaparecido de la faz de la tierra. Por supuesto puedo inventar que están viviendo en otro plano, ya saben, todas esas cosas. Pero los he perdido, tengo una fotografía en el piano o en la repisa. Mi recuerdo de ellos es tiempo. Cómo me amaron, cómo les amé, la ayuda que fueron, la ayuda que me dieron para ocultar mi soledad. Ese recuerdo de ellos es un movimiento del tiempo. Ayer estaban aquí y hoy se han ido. Es decir, lo he registrado en el cerebro; ¿entienden? Ese recuerdo es una grabación en la cinta del cerebro, ¿verdad?, y esa grabación todo el tiempo está funcionando: « cómo caminaba con ellos en el bosque, mis recuerdos sexuales, su compañía, el consuelo que obtenía de ellos », todo eso ya no existe, pero la grabadora continúa. Esta grabación es un recuerdo, y el recuerdo es tiempo. Por favor, si están interesados, escuchen, investíguenlo seriamente, siempre que estén interesados, no les estoy preguntando. He vivido con mi hermano, con mi hijo, he tenido días felices con ellos, hemos disfrutado muchas cosas, pero ahora no están. Sin embargo, el recuerdo permanece, y ese recuerdo es la causa del dolor, por eso en mi soledad derramo lágrimas. Ahora bien, por favor, averigüen, ¿es posible no registrar? Esta es una pregunta muy seria. Ayer en la mañana disfruté del sol, era tan claro, tan hermoso entre los árboles, su luz dorada se fundía en la hierba con largas sombras. Fue una mañana agradable, preciosa y lo registré, así que ahora estoy disfrutando esa mañana, lo hermosa que fue, con lo cual empieza la repetición; ¿entienden? Al registrar lo que sucedió, eso que me deleitó, esa grabación, como una cinta, un disco o una grabadora, repite. Esa es la esencia del tiempo. Por tanto, ¿es posible no registrar nada? El amanecer de ayer, mirarlo, darle toda la atención pero no grabarlo. Ahora no está, ese momento de luz, esa luz dorada en la hierba con largas sombras se fue, pero el recuerdo permanece. Mirar aquello y no registrarlo, la atención al mirar, por sí misma, borra la grabación. Así que preguntamos, ¿es el tiempo sufrimiento, es la raíz del dolor?

¿Es el pensamiento la raíz del sufrimiento? Es evidente. Por consiguiente, el pensamiento y el tiempo son el centro de mi vida; ¿no es cierto? Vivo así. Y si sucede algo que de golpe es muy doloroso, regreso al viejo patrón, a los recuerdos y derramo lágrimas, deseando que estuviera aquí para disfrutar de ese sol cuando lo miraba. ¿No conocen todo esto? Lo mismo con los recuerdos sexuales: creamos una imagen, pensamos en ella, todo eso es parte del tiempo y del pensamiento. Si preguntan qué se puede hacer para que el tiempo y el pensamiento se detengan internamente, de nuevo, esa es una pregunta errónea. Pero si uno se da cuenta de esa verdad, no la verdad de otro, sino que se da cuenta por sí mismo de esa verdad, es su propia percepción clara, ¿puede eso poner fin al sufrimiento? Es decir, mi soledad es parte del sufrimiento. Puede que esté casado, que tenga hijos, responsabilidades, que pertenezca a un club, que juegue al golf, si uno tiene esa suerte, y lo registro. El registrarlo es conocimiento, debo tener conocimiento. Pero ese amanecer en ese cielo azul sin nubes y con sombras abundantes, no estoy citando a Keats, ¿qué necesidad hay de grabarlo? Eso se terminó.

De modo que averigüen cómo vivir sin grabar psicológicamente; ¿entienden? Prestar esta atención tan tremenda. Tan sólo se registra cuando no hay atención. Estoy acostumbrado a mi hermano, a mi hijo, a mi esposa, a mi madre, ya sé lo que van a decir, han dicho lo mismo con tanta frecuencia, han repetido, han regañado, ya les conozco. Cuando digo que les conozco, estoy desatento, Cuando digo, « conozco a mi esposa », es obvio que no la conozco del todo, porque no es posible conocer a un ser vivo, sólo podemos conocer las cosas muertas. Conocen lo que es un recuerdo muerto.

Así pues, cuando uno se da cuenta de esto con gran atención, el dolor tiene un significado totalmente diferente. No hay nada que aprender del dolor, sólo está el fin del dolor. Y cuando el dolor termina, entonces hay amor. ¿Cómo puedo amar a otro, amar, tener la cualidad de ese amor, cuando toda mi vida se basa en recuerdos, en ese cuadro que he colgado sobre la repisa o sobre el piano, cómo puedo amar si estoy atrapado en esa vasta estructura de recuerdos? De modo que donde termina el dolor, empieza el amor.

Mañana, deberíamos hablar juntos de la naturaleza de la muerte y de la meditación. Por esta mañana es suficiente.

¿Puedo contar una historia? Un maestro religioso tenía varios discípulos y solía hablarles cada mañana sobre la naturaleza de la bondad, la belleza y el amor. Una mañana, al subir al estrado y cuando se disponía a hablar, un pájaro se aproximó y se posó en el alféizar de la ventana y empezó a trinar y a cantar. Cantó durante un rato y luego desapareció. Así que el maestro dijo, « por esta mañana el sermón ha terminado ».

Por favor, ¿puedo levantarme?

Tercera charla pública en Brockwood Park, 1982

Sábado 4 Setiembre 1982

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