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La muerte, la vida y el amor son indivisibles

Decimocuarto Conversación con Dr. Allan W. Anderson

Lunes 18 Febrero 1974

Anderson: Sr. Krishnamurti, en nuestro anterior diálogo, empezamos a hablar de la consciencia y de su relación con la muerte en el contexto de la vida como un movimiento total.

Krishnamurti: Sí.

Anderson: Hacia el final, incluso abordamos la palabra « reencarnación », cuando tuvimos que concluir el diálogo. Espero que podamos seguir a partir de aquí.

Krishnamurti: Mire, uno de los factores de la muerte es que la mente tiene mucho miedo. Tememos tanto esa palabra que nadie habla de ella. O sea, no es un tema de conversación diaria. Es algo que se evita, aunque es inevitable: ¡por Dios, manténgalo lo más lejos posible!

Anderson: Incluso pintamos los cadáveres para que no parezca que están muertos.

Krishnamurti: Es tan absurdo. Y bien, ahora, señor, estamos hablando de comprender la muerte; su relación con el vivir y con eso que llamamos « amor ». Uno no puede comprender la inmensidad, la inmensidad de esa cosa llamada « muerte », a menos que esté realmente libre de miedo. Por eso anteriormente hablamos del problema del miedo. Sin que la mente sea realmente libre, a menos que la mente se libere del miedo, no es posible comprender la extraordinaria belleza, fuerza y vitalidad de la muerte.

Anderson: Es una manera muy sorprendente de decirlo: la vitalidad de la muerte. Aun así, solemos considerarla como la negación total de la vida.

Krishnamurti: La negación de la vida, exacto. De modo que, si investigamos la cuestión de la muerte, no puede haber ningún miedo en nosotros. Entonces se puede avanzar, descubrir qué significa la muerte. Hemos dialogado un poco sobre la reencarnación, esa creencia que sostienen en Oriente y que no tiene validez en la vida cotidiana. Es como ir a la iglesia cada domingo y ser perverso el resto de la semana. Así pues, una persona realmente seria y atenta investiga esa cuestión de la muerte; debe comprender el significado, la cualidad de la muerte, no su final. Eso es lo que vamos a investigar un poco. Los antiguos egipcios, los faraones y todas las dinastías hasta el siglo XVIII, etc., se preparaban para la muerte. Decían: « Cruzaremos el río con todos nuestros bienes, nuestras carrozas, nuestras pertenencias, todas nuestras propiedades »; por eso sus cuevas o sus tumbas estaban llenas con todas las cosas de su vida cotidiana: grano, ya sabe, todo eso. Así, la vida solo era un medio para terminar, para morir. Esa es una manera de verlo; la otra es la reencarnación, que es el punto de vista indio, asiático. Y está toda esa idea de la resurrección, de los cristianos: el renacer y el Ángel Gabriel que les lleva al cielo, donde son recompensados. Ahora bien, ¿cuál es el hecho? Todo esto son teorías, suposiciones, creencias; no son hechos. Supongamos que renace, que Jesús sale de la tumba, físicamente resucitado. Eso solo es una creencia. No había cámaras allí; no había diez personas que dijeran: « Sí, lo vi ». Solo es algo que alguien imaginó. Investigaremos eso un poco más adelante. Así, está ese vivir y esa preparación para la muerte, como hacían los antiguos egipcios. Luego está la reencarnación y está la resurrección. Si uno no tiene miedo, ¿entiende?, en lo profundo, ¿qué es, entonces, la muerte? ¿Qué es lo que muere, aparte del organismo? El organismo puede durar, si uno lo cuida mucho, hasta los 80, 90 o 100 años. Si uno no tiene enfermedades ni accidentes, si lleva un vida sana, saludable, tal vez llegue hasta los 100 o 110 años. ¿Y después, qué? ¿Entiende, señor? Vivirá unos 100 años, ¿para qué? ¿Para esa clase de vida? Luchas, peleas, disputas, amarguras, enojos, celos, trivialidades; una existencia sin sentido. La vida que llevamos ahora no tiene sentido.

Anderson: Según lo que hemos dicho, este es todo el contenido de nuestra consciencia.

Krishnamurti: Nuestra consciencia, exacto. Y bien, ¿qué es lo que muere? ¿Y qué es lo que tememos? ¿Entiende? ¿Qué teme uno de la muerte? ¿Perder lo conocido? ¿Perder mi esposa? ¿Perder mi casa? ¿Perder todo lo conseguido? ¿Perder ese contenido de la consciencia? ¿Entiende? Así, ¿puede vaciarse todo el contenido de la consciencia? ¿Entiende, señor?

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Lo cual es el vivir. El morir es el vivir cuando se ha vaciado todo el contenido. Eso significa ningún apego. No se trata de un corte brutal sino de comprender el apego, comprender la dependencia, comprender la adquisición, el poder, la posición, la ansiedad; todo eso. Vaciar todo eso es la verdadera muerte. Y, por tanto, vaciar la consciencia significa que la consciencia, que ha creado su propia limitación con su contenido, termina. Me pregunto si he...

Anderson: Sí, lo ha hecho. Le he seguido con mucha atención y pienso que hay una relación directa entre nacer y morir; ambos, cuando se miran como momentos en un ciclo total, no se entienden en el nivel profundo de que usted ha empezado a hablar.

Krishnamurti: Sí, señor.

Anderson: ¿Es así?

Krishnamurti: Exacto.

Anderson: Bien, siga, por favor.

Krishnamurti: Así que la muerte se vuelve una manera de vivir cuando el contenido de la consciencia, que crea su propia frontera, su propia limitación, termina. Esto no es una teoría, no es un entendimiento intelectual especulativo, sino la percepción real del apego. Lo tomo como un ejemplo. Estar apegado a algo: a la propiedad, a un hombre o mujer, al libro que he escrito, o al conocimiento que he acumulado; eso es apego. Y está el esfuerzo para desapegarse, porque el apego genera dolor. Por tanto, me digo a mí mismo que debo desapegarme y así empieza la lucha. Este es todo el contenido de mi consciencia; esa lucha que hemos descrito antes. Ahora bien, ¿puede vaciarse ese contenido por sí mismo? No ser vaciado por un acto de percepción, sino vaciarse por sí solo. Lo cual significa: ¿puede observarse todo el contenido, incluido el contenido inconsciente? ¿Entiende, señor?

Anderson: Sí; estoy pensando.

Krishnamurti: Puedo darme cuenta conscientemente del contenido de mi consciencia: mi casa, mi propiedad, mi esposa, mis hijos, mi trabajo, las cosas que he acumulado y he aprendido; puedo ser consciente de todo eso, pero también hay un contenido más profundo en los recovecos de la mente: lo racial, lo colectivo, lo acumulado, las cosas que inconscientemente se acumulan, las influencias, las presiones, las tensiones de vivir en un mundo corrupto. Todo esto se ha absorbido, se ha acumulado ahí.

Anderson: Tanto lo personal como lo impersonal.

Krishnamurti: Impersonal, sí, exacto.

Anderson: Eso incluye, entonces, lo que los psicólogos profundos llaman « inconsciente colectivo ».

Krishnamurti: No sé cómo lo llaman.

Anderson: Y también la consciencia personal.

Krishnamurti: Lo colectivo y... todo eso. Ahora, ¿puede todo eso aflorar? Es muy importante, porque, si realmente quiero investigarlo, si la mente realmente quiere comprender y captar todo el significado de la muerte, su vastedad, la gran cualidad de una mente que dice: « Sí, está vacío », ¿entiende? Eso aporta enorme vitalidad y energía. Así, mi pregunta es: ¿puede la mente darse cuenta de todo su contenido, del oculto y del visible, del colectivo, del personal, del racial, del transitorio? ¿Entiende? De todo el contenido. Bien, decimos que eso es posible con el análisis.

Anderson: Sí, eso decimos.

Krishnamurti: Yo digo que el análisis es parálisis, porque cada análisis debe ser perfecto, completo, y uno tiene miedo de que no sea completo; y, si no es completo, uno lo arrastra como una memoria, que entonces analizará el siguiente incidente. O sea, cada análisis genera su propia insuficiencia.

Anderson: Oh, así es, sí.

Krishnamurti: Por tanto, es una completa parálisis.

Anderson: Siguiendo lo que dice, me sorprende lo que solemos considerar como muerte, que tiene una clara relación con lo que usted dice de una serie interminable de actos analíticos.

Krishnamurti: Actos; sí, señor.

Anderson: Consideramos la muerte como el final de una línea.

Krishnamurti: Exacto, porque pensamos horizontalmente.

Anderson: Sí, pensamos horizontalmente. Pero lo que usted dice es que, por el contrario, debemos verlo verticalmente.

Krishnamurti: Sí.

Anderson: Y, si se considera de forma vertical, ya no vemos, por favor, dígame si es así, ya no vemos la muerte como un simple movimiento que pone fin a una trayectoria repetitiva. Pero aquí hay un cambio cualitativo total... que no es el fin de algo que hay que lamentar, como si perdiéramos algo muy valioso.

Krishnamurti: Sí, dejar a mi esposa e hijos.

Anderson: Exacto.

Krishnamurti: Y mi propiedad, mi maldita cuenta bancaria.

Anderson: Sí, sí.

Krishnamurti: Como ve, señor, si uno lo investiga hondamente, está ese contenido, que es mi consciencia, adquirida, heredada, impuesta, influenciada por la propaganda, el apego y el desapego, la ansiedad, el miedo, el placer; todo eso, y también las cosas ocultas. Me digo a mí mismo que, debido a que el análisis es realmente parálisis, no como una suposición intelectual sino porque realmente es un acto incompleto, el análisis nunca puede producir un acto completo. La misma palabra « análisis » significa dividir, o sea, división.

Anderson: Separar.

Krishnamurti: Separar, dividir. Por tanto, lo rechazo totalmente. No analizo, porque veo que es una tontería, es un proceso que paraliza. Entonces, ¿qué hago? ¿Entiende? Porque esa es la tradición: introspección o análisis por uno mismo o por un profesional, lo cual está ahora de moda, etc., etc. De modo que si la mente ve la verdad de eso y, por tanto, elimina el análisis, ¿qué hace entonces la mente con el contenido? Usted...

Anderson: Sí, entiendo.

Krishnamurti: Conocemos el contenido; no es necesario repetirlo constantemente. Bien, ¿qué hace? Debe vaciarse; de lo contrario, tan solo es una continuidad.

Anderson: No, no tiene sentido analizar lo que ya está ahí, porque el análisis no cambiará su forma o su condición. Eso parece estar muy, muy claro. Tal vez sería conveniente que explicara por qué nos negamos a verlo. Creemos que la exploración analítica trae claridad; creemos eso.

Krishnamurti: No, señor. Lo verá en un momento. El análisis implica un analizador y lo analizado.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Pero el analizador es lo analizado.

Anderson: Sí, regresamos al observador y lo observado.

Krishnamurti: Es obvio; si analizo mi enojo, ¿quién es el analizador? Es una parte del fragmento del enojo. De modo que el analizador pretende ser diferente de lo analizado. Pero, cuando veo la verdad de que el analizador es lo analizado, entonces sucede una acción del todo diferente. No hay conflicto entre el analizador y lo analizado; hay percepción y acción instantánea, lo cual termina y va más allá de « lo que es ».

Anderson: La razón de que le pidiera que lo explicara es por la cuestión que antes surgió acerca del conocimiento.

Krishnamurti: Sí; después de todo, el observador es el conocimiento.

Anderson: Sí, me preocupaba que el estudio propiamente dicho no se considerara en nuestro diálogo como algo inútil.

Krishnamurti: No, por supuesto.

Anderson: No queremos decir eso.

Krishnamurti: Ni lo hemos hablado; es tan obvio.

Anderson: Exacto, sí, sigamos. Bien, sí, es obvio en nuestro diálogo, pero lo que me preocupa es que está tan arraigado el concepto de... Por ejemplo, en la historia que le conté, cuando hace años vine a escucharle, empecé a analizar mientras escuchaba sus palabras; por consiguiente, difícilmente podía terminar con algo cualitativamente diferente de lo que traje conmigo. Pero yo no lo veía en aquel momento. Y, en la grabación de nuestras conversaciones, eso se escuchará, y cuando decimos « sí » respecto al conocimiento, es obvio; en el contexto de nuestra conversación lo es. Pero ahora estoy pensando...

Krishnamurti: No solo en el contexto de nuestra conversación; es así.

Anderson: Es así.

Krishnamurti: La vida es eso.

Anderson: Exacto: no podía estar de acuerdo, pero de inmediato regresé a mi propia conducta, y sé que no era el único, porque escuché otras conversaciones al respecto en aquel momento. Pero sí: ahora veo lo que quiere decir sobre el análisis. Me queda mucho más claro.

Krishnamurti: El análisis implica, señor, el analizador y lo analizado.

Anderson: Efectivamente.

Krishnamurti: El analizador es lo analizado. Y el análisis implica tiempo, duración. Necesito tiempo para destapar, desvelar, lo cual puede tomarme el resto de mi vida.

Anderson: Es una confusión que también tenemos con la muerte, la muerte relacionada con el tiempo.

Krishnamurti: Así es. A eso voy.

Anderson: Sí, desde luego; por favor, adelante.

Krishnamurti: La mente que percibe descarta completamente el análisis, no porque no obtenga un beneficio, no porque no me lleve donde quiero, sino porque veo la imposibilidad de vaciar el contenido de la consciencia si la mente lo aborda a través de ese canal: el analizador, el tiempo y toda esa futilidad; después de 40 años sigo analizando.

Anderson: Y el contenido de mi consciencia no ha cambiado cualitativamente.

Krishnamurti: No ha cambiado.

Anderson: No; se ha intensificado en su corrupción. [Risas]

Krishnamurti: Así es, exacto. Pero la mente debe ver su contenido, ser consciente de ello totalmente, no parcialmente. ¿Cómo se hace eso? ¿Entiende, señor?

Anderson: Sí, entiendo.

Krishnamurti: Porque eso es muy importante en relación con la muerte. Porque el contenido de mi consciencia es la consciencia. Esa consciencia soy « yo », mi ego, cuando digo « usted y yo, nosotros y ellos », ya sean ellos comunistas, católicos, protestantes o hindúes; « nosotros y ellos ». Por eso es muy importante descubrir si es posible vaciar la consciencia de su contenido. Eso significa la muerte del « yo », ¿entiende?

Anderson: Sí, entiendo.

Krishnamurti: Porque eso es el « yo ».

Anderson: Aquí es donde empieza el terror.

Krishnamurti: Aquí es donde empieza el terror.

Anderson: Exacto. Está la intuición de que, si muero al contenido de mi consciencia, desapareceré.

Krishnamurti: Sí. Yo, que he trabajado, que he vivido o no una vida honesta, que he hecho tanto, bueno o malo, que me he esforzado para mejorarme a mí mismo, que he sido tan amable, tan gentil, tan irritable, tan desagradable, ¿entiende?; y, cuando habla de vaciar la consciencia, ¡significa que me pide que muera a todo eso! Por tanto, toca la raíz misma del miedo.

Anderson: Sí, exacto.

Krishnamurti: La raíz del terror de no ser. Oh, sí, eso es, señor. Quiero inmortalizar ese « yo » y lo hago a través de libros, escribiendo un libro y diciendo que es un libro famoso; o pintando, o a través de la pintura, del trabajo, de buenas obras, de construir esto o aquello, quiero inmortalizarme.

Anderson: Eso tiene efectos muy nocivos dentro de la familia, porque debemos tener un hijo para...

Krishnamurti: ...continuar.

Anderson: ...inmortalizar el nombre en el tiempo.

Krishnamurti: Por tanto, la familia se vuelve un peligro.

Anderson: Exacto.

Krishnamurti: Mire lo que hacemos, señor: los antiguos egipcios se inmortalizaban, inmortalizaban su vida pensando que continuaban.

Anderson: A perpetuidad.

Krishnamurti: A perpetuidad. Y vienen los ladrones y destrozan todo eso. Ahora Tutankamón solo es una máscara, una máscara de oro con una momia, etc. Así, el hombre ha buscado la inmortalidad en las obras, en toda clase de formas, para encontrar eso que es inmortal, es decir, más allá de lo mortal; ¿de acuerdo?

Anderson: Es algo muy notable que la palabra « inmortal » sea negativa.

Krishnamurti: Sí, no mortal.

Anderson: Sí, no dice lo que es. [Risas]

Krishnamurti: Vamos a descubrir lo que es.

Anderson: Perfecto.

Krishnamurti: ¿Entiende, señor? Es algo muy serio; no es un juego entre dos personas que disfrutan de un diálogo. Es algo tremendamente importante.

Anderson: Sí, me río de lo irónico que es. Inherente a la estructura de esa palabra hay una advertencia, pero nosotros pasamos por la luz roja.

Krishnamurti: Efectivamente.

Anderson: Sí, por favor, siga.

Krishnamurti: Así, ¿qué es la inmortalidad? No el libro.

Anderson: Oh, no.

Krishnamurti: No el cuadro que he pintado, no el ir a la luna y colocar allí alguna estúpida bandera. No el vivir una vida virtuosa o una vida deshonesta. Entonces, ¿qué es la inmortalidad? Las catedrales son hermosas, maravillosas, de piedra; viene un terremoto y se acabó. Miguel Ángel esculpió en mármol una obra maravillosa; un terremoto o el fuego puede destruirla; puede venir un lunático con un martillo y romperla. Nada de eso es inmortal. ¿Entiende?

Anderson: Entiendo.

Krishnamurti: Porque puede ser destruido. Cada estatua se convierte en algo muerto, igual que cualquier poema o cuadro. Uno se pregunta: ¿qué es, entonces, la inmortalidad? No está en un edificio, mírelo, señor; no está en una catedral, no está en el salvador que han inventado, que el pensamiento ha inventado, ni en los dioses que el hombre ha creado a su propia imagen. ¿Qué es, entonces, la inmortalidad? Porque está relacionada con la consciencia y la muerte. A menos que lo descubra, la muerte será un terror.

Anderson: Por supuesto, por supuesto.

Krishnamurti: Uno trata de inmortalizarse, de volverse inmortal, pensando que existe un Brahman, un Dios, que existe la eternidad, alguien indescriptible, y uno hace cualquier cosa para acercarse a « él ». De modo que llevaré una vida virtuosa, rezaré, mendigaré, obedeceré, viviré en la pobreza, en la castidad, y así sucesivamente, para tener esa realidad inmortal en mi. Pero sé que todo eso nace del pensamiento.

Anderson: Sí, tan pronto como...

Krishnamurti: Espere un momento, señor; mire lo que sucede. Veo que el pensamiento y sus productos son hijos de mujeres estériles.

Anderson: Exactamente.

Krishnamurti: Mire lo que sucede. ¿Qué es, entonces, la inmortalidad? La belleza en una iglesia, no que yo construya la iglesia; la belleza en una catedral, en un poema, la belleza en una escultura; la belleza, no el objeto de belleza. Me pregunto...

Anderson: La belleza en sí misma.

Krishnamurti: En sí misma. Eso es inmortal. Y no puedo alcanzarla, la mente no puede alcanzarla porque la belleza no está en el campo de la consciencia.

Anderson: De nuevo, lo que dice le da la vuelta a todo. Pensamos que, cuando muere algo que apreciamos y es hermoso, esa belleza de alguna manera muere con la cosa que desaparece.

Krishnamurti: Con lo que desaparece, sí.

Anderson: De hecho, es el sentimiento de pérdida de esa belleza, que consideraba mi privilegio al tener acceso a ella. La creencia es que muere, no que simplemente se pierde, porque, por naturaleza, lo que se pierde se puede volver a encontrar. Pero si muere, se elimina totalmente, ¿no es cierto? Por eso la creencia es tan profunda.

Krishnamurti: Oh, muy profunda.

Anderson: Muy profunda respecto a lo que entendemos por morir. De hecho, no usamos esa palabra muy a menudo; asusta, es aterradora. Siempre hablamos de perder cosas; raramente decimos que algo muere. Volviendo a que lo que dice le da la vuelta, me vino la imagen como una metáfora; espero que no sea una de esas imágenes de las que hemos hablado. Esa belleza, en vez de enjaularla y, por tanto, reducirla a la nada, cuando la cosa muere, simplemente la deja ir. En cierto sentido, la belleza deja que esa expresión se vaya; eso es al revés de lo que generalmente creemos.

Krishnamurti: Lo sé, lo sé.

Anderson: Seguramente se va en el momento preciso. [Risas]

Krishnamurti: Exacto.

Anderson: Esa es su maravilla. Sí, sí.

Krishnamurti: Así que la inmortalidad, como decíamos, está en el campo del tiempo.

Anderson: Está en ese único campo.

Krishnamurti: ¿De acuerdo?

Anderson: Sí.

Krishnamurti: En el campo del tiempo.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Y entonces la muerte también está en el campo del tiempo, porque yo invento, con el pensamiento, las cosas del tiempo. Y la muerte es el final o el principio de un estado intemporal. Eso es lo que me aterroriza. Por eso quiero que todo siga dentro del campo del tiempo, ¿entiende, señor?

Anderson: Sí, sí, pensamos que...

Krishnamurti: Decimos que eso es inmortal: la estatua, el poema, la iglesia, la catedral. Pero veo que todo esto también es transitorio; cualquier accidente puede destruirlo, o con un terremoto todo desaparece. De modo que la inmortalidad no está en el campo del tiempo, y el tiempo es pensamiento; es obvio.

Anderson: Desde luego, sí, es obvio.

Krishnamurti: Por supuesto. Todo lo que inventa el pensamiento debe estar en el campo del tiempo. No obstante, el pensamiento trata de encontrar la inmortalidad, inmortalidad para sí mismo y para las cosas que ha inventado. Usted...

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Entonces el problema es: ¿puede la mente ver esto, verlo? No imaginar que lo ve.

Anderson: No, realmente verlo.

Krishnamurti: Realmente verlo.

Anderson: Sí, el apunte que antes he hecho, cuando usted empezó a hablar del campo del tiempo, yo dije un único campo. No quise decir que el campo del tiempo, tal como lo describe, es el único campo, sino que podríamos estar tan terriblemente...

Krishnamurti: ...ciegos.

Anderson: ...equivocados y ciegos...

Krishnamurti: Ignorantes.

Anderson: ...que el campo del tiempo es otro fragmento y...

Krishnamurti: Exacto.

Anderson: ...es el único campo. Lo que de verdad me impresionó fue que el mal uso del pensamiento genera la avaricia más espantosa.

Krishnamurti: Sí, señor.

Anderson: Me estoy emparedando a mí mismo. Sí, por favor.

Krishnamurti: Por tanto, la mente, al percibir todo esto, si está atenta, si ha observado todo el tiempo que hemos hablado, debe inevitablemente ver todo el contenido sin ningún esfuerzo. Es como leer un mapa: lo extiende y lo mira. Pero si trata de ir en una dirección, entonces no mira todo el mapa; dice: « Quiero ir de aquí hacia allá; esa es la dirección, tiene tantos kilómetros », y la sigue; no mira el resto. Nosotros decimos: ninguna dirección; solo miren. Miren el contenido de su propia consciencia sin dirección, sin elección. Estén atentos sin ningún ejercicio de discernimiento. Dense cuenta sin elección de este extraordinario mapa. Entonces, ese darse cuenta sin elección aporta enorme energía para ir más allá. Uno necesita energía para ir más allá.

Anderson: Eso me lleva al tema de la reencarnación, que empezamos a ver hace un rato: veo su raíz demoniaca.

Krishnamurti: Sí, señor. Lo ve: reencarnar en la próxima vida; nadie habla de encarnar ahora.

Anderson: Sí, exacto.

Krishnamurti: ¿Entiende, señor?

Anderson: Sí, entiendo, entiendo.

Krishnamurti: Solo puede encarnar ahora cuando muere al contenido. Puede renacer, regenerarse totalmente, si muere al contenido.

Anderson: Sí, sí. Existe una verdad terrible en el lado oscuro, el lado demoniaco de la doctrina de la reencarnación, porque, si ese contenido de la consciencia no se vacía, entonces seguirá.

Krishnamurti: Luego, ¿qué sucede?

Anderson: Lo hace realmente, sí.

Krishnamurti: Sigue. ¿Qué sucede, pues? Como ser humano, no sé cómo vaciar ese contenido. Ni siquiera me interesa. Solo tengo miedo.

Anderson: Solo estoy muy asustado.

Krishnamurti: Muy asustado. Y guardo algo, y me muero, me incineran o me entierran bajo tierra. El contenido sigue. Como decíamos, mi contenido también es el suyo; no son tan diferentes.

Anderson: No, no.

Krishnamurti: Ligeramente modificado o acentuado, con ciertas tendencias que dependen de su condicionamiento ambiental, etc., pero en esencia es la misma consciencia. A menos que un ser humano vacíe esa consciencia, esa consciencia seguirá como un río, recogiendo, acumulando; todo eso seguirá. Y de este río surge la expresión o la manifestación del que está perdido. Cuando los médiums, los videntes dicen: « Su hermano, su tío, su esposa está aquí », lo que sucede es que ellos se manifiestan desde esa corriente que es la continuidad de la consciencia que lucha, sufre, es infeliz, desdichada, todo esto. Pero un hombre que observa y mira la consciencia y la vacía no pertenece a esa corriente en absoluto. Entonces vive cada momento como nuevo, porque muere a cada momento, ¿entiende, señor?

Anderson: Oh, sí, entiendo.

Krishnamurti: No hay acumulación del « yo » que tenga que expresarse. Muere a cada instante; vive cada minuto y muere a cada minuto. Por tanto, ahí no hay, ¿cómo lo diría?, no hay contenido. ¿Entiende, señor?

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Es como una enorme energía en acción.

Anderson: Eso cambia radicalmente lo que entendemos por la frase « después de la muerte ». Por un lado, está esa continuidad del contenido desordenado de la consciencia,

Krishnamurti: Está en desorden total.

Anderson: que no es radicalmente afectado cualitativamente, en su naturaleza, simplemente porque uno ha dejado de respirar. No. Sigue su camino.

Krishnamurti: Su camino.

Anderson: Por tanto, el intento que suele hacer la gente para contactar con esa corriente de consciencia después de la muerte de una persona, cuando se hace desde la misma cualidad de consciencia, solo consigue reforzarla...

Krishnamurti: Sí, exacto.

Anderson: ...en su propia vida personal. Y hace algo terrible al contenido de la consciencia que continúa, ya que la alimenta un poco más.

Krishnamurti: Así es.

Anderson: Sí, lo veo.

Krishnamurti: Vino a verme una persona cuya esposa había muerto. Creía realmente que la amaba y dijo: « Debo volver a ver a mi esposa; ¿puede ayudarme? ». Le contesté: « ¿Qué esposa quiere ver? ¿La que cocinaba? ¿La que engendró sus hijos? ¿La que le dio sexo? ¿La que reñía con usted? ¿La que le dominaba y le asustaba? ». Respondió: « No quiero ver a ninguna de esas; quiero ver lo bueno de ella ». ¿Entiende, señor?

Anderson: Sí, sí.

Krishnamurti: La imagen de lo bueno que había creado de ella. Ninguna de las cosas feas o que consideraba feas, sino la idea de lo bueno que había sacado de ella: esa era la imagen que quería ver. Le dije: « No sea infantil; ¡usted es demasiado inmaduro! Cuando dormía con ella, cuando se enojaba con ella: no quiere nada de todo eso; solo quiere la imagen de lo bueno de ella ». Le dije... Y ya sabe, señor, empezó a llorar; lloraba de verdad por primera vez. Después dijo: « Lloré cuando murió, pero eran lágrimas de autocompasión, mi soledad, mi sensación de añoranza de las cosas. Ahora lloro porque veo lo que he hecho ». ¿Entiende, señor?

Anderson: Sí, entiendo.

Krishnamurti: Así pues, para comprender la muerte no debe haber miedo. El miedo y el terror solo existen cuando no se comprende el contenido. Y el contenido es el « yo ». Y el « yo » es la silla, ¿entiende, señor?

Anderson: Oh, sí.

Krishnamurti: La cosa a la que estoy apegado. ¡Es tan tonto! Y temo eso: perder mi cuenta bancaria, mi familia, ¿entiende?

Anderson: Oh, sí, entiendo.

Krishnamurti: A menos que uno sea real y profundamente serio, no puede encarnar ahora, en el sentido profundo de esa palabra; por tanto, la inmortalidad está en el libro, en la estatua, en la catedral, en las cosas que he acumulado, en las cosas que he inventado con el pensamiento. Todo eso es el campo del tiempo.

Anderson: Exacto. Estaba pensando en qué cosa tan terrible hemos hecho una y otra vez con Platón, intentando siempre analizar el texto académicamente, cuando dijo claramente que la tarea del filósofo, con el cual no se refería al que analiza de una forma tan tonta como hemos visto que sucede, la tarea del filósofo, es decir, quien se interesa por el cambio radical y el renacer, que él asocia con la sabiduría, la tarea del filósofo es practicar el morir, practicar el morir.

Krishnamurti: No practicar.

Anderson: No creo que se refiriera a una rutina o repetición: morir, morir, morir. Creo que lo expresaba como un « iendo », porque no quería salirse de la acción. Ya sé que todo el tiempo utilizo esa frase, pero me surgió en nuestros diálogos anteriores y creo que expresa lo que quiero decir. Tengo que decir que la he aprendido de usted, aunque no quiero atribuirle algo que no dijo. Es posible salirse de la acción para caer en la terrorífica y demoniaca corriente del tiempo; sin embargo, cuando uno actúa, todo es un movimiento continuo.

Krishnamurti: Así, señor, el tiempo debe parar.

Anderson: Efectivamente.

Krishnamurti: Observe la belleza de esto, señor. Y esa belleza es lo inmortal, no las cosas que ha creado el pensamiento.

Anderson: Exacto.

Krishnamurti: De modo que vivir es morir.

Anderson: Correcto.

Krishnamurti: Y el amor es, en esencia, morir al « yo ». No lo que el pensamiento dice: « El amor es esto », el amor del sexo, el amor del placer; todo eso.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Morir al tiempo es amor. O sea, el vivir, el amor y la muerte son una sola cosa, no dividida, no separada, no divorciada, no en el campo del tiempo; es una cosa totalmente viva, en movimiento, indivisible. Y eso es inmortal.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Ahora bien, a la mayoría nos educan erróneamente.

Anderson: ¡Es tan cierto!

Krishnamurti: Desde la infancia nunca nos enseñan a ser serios; nos enseñan a cultivar el pensamiento, a desarrollar el pensamiento, la expresión y las maravillas del pensamiento. Todos nuestros filósofos y libros, todo se basa en eso; y cuando hablamos de morir a todo eso despertamos el terror a lo desconocido. Eso me da seguridad en lo conocido.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Entonces el conocimiento se convierte en el campo de mi seguridad, y usted me pide que renuncie, que suelte y muera a todo eso. Y mi respuesta es que usted está loco; ¿cómo voy a morir a eso si es parte de mí?

Anderson: Hay un dicho Zen muy hermoso que parece relacionarse con esto si se entiende correctamente. Habla de saltar un abismo con las manos libres. Saltar con las manos libres. Las manos...

Krishnamurti: ...que agarran algo.

Anderson: ...que agarran algo; siempre retienen el pasado o se extienden hacia el futuro, y nunca salimos del carril horizontal. Es como un tren Lionel, que siempre funciona.

Krishnamurti: Entonces la pregunta es: ¿qué es vivir en el presente? La muerte es el futuro. He vivido 40 años con todos los recuerdos acumulados. ¿Qué es el presente? El presente es la muerte del contenido, ¿entiende, señor?

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Mire, en eso hay enorme belleza, porque significa que no hay conflicto, no hay mañana, ¿entiende, señor? Si le dice a una persona enamorada, que quiere disfrutar de un hombre o una mujer mañana, que no hay mañana, responderá: ¿de qué me está hablando?

Anderson: Sí, lo sé. Como a veces usted dice, cuando dice algo así, suena absurdo.

Krishnamurti: Por supuesto.

Anderson: Y, desde luego, en relación con la manera en que nos han educado para analizar, suena absurdo.

Krishnamurti: Por tanto, señor, ¿podemos educar a los niños, a los estudiantes, para que vivan de forma totalmente diferente? Vivir, comprender y actuar con esa comprensión del contenido y la belleza de todo eso.

Anderson: Si le he entendido correctamente, solo hay una repuesta a esa pregunta: sí, sí. Creo que aquí la palabra no sería « absurdo », sino algo como « salvaje ». [Risas] Sí, veo lo que quiere decir sobre la muerte y el nacimiento, como no relacionados en el tiempo en términos de la pregunta que planteamos anteriormente, porque cuando dice que existe esa encarnación...

Krishnamurti: ...ahora.

Anderson: ...ahora, en el instante...

Krishnamurti: Sí, señor.

Anderson: Entonces...

Krishnamurti: No; si ve la belleza de ello, señor, esa cosa surge.

Anderson: Entonces sucede.

Krishnamurti: No es el resultado de la imaginación.

Anderson: No.

Krishnamurti: No es el resultado del constante pensar y pensar. Es la percepción real de « lo que es ».

Anderson: Lo asombroso es que en la raíz es la misma energía.

Krishnamurti: Sí, señor.

Anderson: No es algo que viene de allá, una energía diferente que llamamos Dios.

Krishnamurti: No, eso es introducir aquí un agente de allá.

Anderson: No.

Krishnamurti: Es la misma energía que se consume y se disipa, pero ya no se disipa.

Anderson: Exacto.

Krishnamurti: Por tanto, es...

Anderson: Exacto. Eso genera un total... Empiezo ahora a emplear las palabras « absoluto » y « total »; en la Academia, como sabe, nos recomiendan tener mucho cuidado con ellas. [Risas]

Krishnamurti: Lo sé.

Anderson: Lamento mucho todo esto. El hecho sigue siendo total. Es total.

Krishnamurti: Sí.

Anderson: Es un cambio total. Y la transformación de cada individuo es total.

Krishnamurti: Y no está en el campo del tiempo y el conocimiento.

Anderson: No está en el campo del tiempo y el conocimiento.

Krishnamurti: Ve ahora la relación.

Anderson: Sí, y también la profunda seriedad que requiere cuando uno ve el resto de esta frase suya: es responsabilidad de cada uno. Y si me permite añadir una cosa más aquí, porque creo que van juntas: no es la responsabilidad de uno frente a otro para actuar; es que uno venga y, al igual que el otro, juntos empiecen...

Krishnamurti: Sí, señor, compartir.

Anderson: ...a mirar.

Krishnamurti: Aprender juntos.

Anderson: Solo mirar tranquilamente. Y en esa actividad, que no está planificada, una de las cosas sorprendentes de este diálogo es que, usaré su hermosa palabra, florece.

Krishnamurti: Florece, sí.

Anderson: No requiere una imposición o ingenio.

Krishnamurti: No.

Anderson: O habilidad.

Krishnamurti: Ni habilidad, exacto.

Anderson: De algún modo crece más allá de sí mismo. Es esa cosa de crecer más allá de sí mismo que tiene relación con lo que usted decía de la consciencia. Señalando la cabeza no quiero decir que la consciencia esté aquí arriba, no, sino que « surge de sí misma »; es como el agua que gira hacia sí misma.

Krishnamurti: Pero sigue siendo agua.

Anderson: Sigue siendo agua, exacto. Ha sido una maravillosa revelación, todo eso sobre la muerte, el vivir y el amor. Espero que en el próximo diálogo podamos empezar a mirar eso un poco más en relación con la educación.

Krishnamurti: Sí, lo ampliaremos, señor.

Decimocuarto Conversación con Dr. Allan W. Anderson

Lunes 18 Febrero 1974

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