Sugerencia
Subscribe to the Subscribe
And/or subscribe to the Daily Meditation Newsletter (Many languages)
Print   pdf Pdf
                         Diaspora      rss 

Religión, autoridad y educación - Parte 2

Decimosexto Conversación con Dr. Allan W. Anderson

Lunes 18 Febrero 1974

Anderson: Sr. Krishnamurti, en nuestra serie de conversaciones, hemos alcanzado, creo, un punto especialmente crítico. En nuestro último diálogo, hablamos de la autoridad, no solo en relación con lo externo que proyectamos y lo externo que tenemos enfrente, literalmente, sino también la cuestión a un nivel más profundo de mi propia relación interna. Y de ese punto donde, en la investigación, cuando uno profundiza en sí mismo, en un autoexamen, hay un momento de asombro, cuando uno se queda pasmado, duda y tiembla. Es un miedo y un temblor real que sucede a raíz de esa investigación. Hacia el final de nuestra última conversación, empezamos a hablar del papel que eso juega en la vida religiosa.

Krishnamurti: Exacto.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Señor, ¿por qué dudamos? A eso llega lo que está diciendo. ¿Por qué no nos arriesgamos? Esa es la pregunta.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: ¿Por qué siempre llegamos al borde y retrocedemos, huimos? ¿Por qué no vemos la cosa tal como es y actuamos? ¿Se debe a que una parte de nuestra educación ha cultivado enormemente esa función, ha dado tremenda importancia a esa función, como ingeniero, profesor, médico, etc., funcionando en una técnica concreta? Y que nunca hemos cultivado, fomentado o investigado qué es la inteligencia. Donde hay inteligencia no puede haber duda. Hay acción. O sea, cuando uno es muy sensible, ¡actúa! Esa sensibilidad es inteligencia. Ahora bien, la educación, tal como la he observado en la India y otros lugares, es simplemente entrenar la mente para que funcione según los dictados de la sociedad. Se necesitan tantos ingenieros, médicos. Si uno emprende una profesión donde son pocos, puede ganar más dinero.

Anderson: Uno debe controlar la saturación.

Krishnamurti: La saturación, sí. No se haga científico, hay suficientes, o lo que sea.

Anderson: Oh, Dios, sí.

Krishnamurti: Así que nos estimulan y entrenan para funcionar dentro del campo laboral. Así, dudamos en entrar o arriesgarnos con algo que requiere toda nuestra atención; no una parte, sino toda la atención, porque no tenemos ningún punto de referencia. Sabemos cómo medir una función, pero en eso otro no hay ninguna referencia. Por tanto, hay dependencia. Por tanto, aquí no podemos razonar porque no sabemos cómo. A un hombre que dice « Yo sé » no le pregunto: « ¿Qué sabes? » Solo conocemos lo que pasó, terminó, lo muerto. No puede decir: « Conozco algo vivo ». De modo que, tal como lo veo, gradualmente la mente se embota, se agita; su curiosidad solo opera en una dirección y no es capaz de investigar. Para investigar, primero se requiere libertad. De no ser así, no se puede investigar. Si quiero investigar algo que tengo que investigar, si tengo prejuicios no puedo hacerlo. Si tengo conclusiones no puedo hacerlo. Por tanto, se requiere libertad para investigar. Y esa libertad es negada porque la sociedad y la cultura dan tremenda importancia a la función, y la función tiene su propio estatus.

Anderson: Oh, sí, sí. Que finalmente se eleva a un proceso.

Krishnamurti: Sí, en un estatus.

Anderson: Exacto.

Krishnamurti: Así, el estatus es más importante que la función.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Así que vivo en ese terreno, en esa estructura, y si quiero investigar qué es la religión, qué es Dios, qué es la inmortalidad, la belleza, no puedo hacerlo; dependo de la autoridad; no tengo una base para razonar, ¿entiende, señor?, en ese amplio campo de la religión. En parte es culpa de nuestra educación, en parte de nuestra incapacidad de mirar las cosas objetivamente. Nuestra incapacidad de mirar un árbol sin toda la maraña de conocimientos, pantallas, bloqueos que impiden mirar el árbol. Nunca miro a mi esposa; si tengo esposa o novia, o lo que sea, nunca la miro. Los miro a ella o a él con la imagen que tengo de ella o de él. Pero la imagen es algo muerto; por tanto, nunca miro algo vivo. Nunca miro la naturaleza con toda su maravilla y belleza, sus formas y su encanto. Más bien la interpreto, trato de pintarla, de escribir sobre ella o de disfrutarla, ¿entiende?

Anderson: Sí.

Krishnamurti: De ahí surge la pregunta: ¿por qué los seres humanos aceptan la autoridad, obedecen? ¿Se debe a que han sido entrenados en el terreno de la función, donde uno tiene que obedecer para aprender? ¿Entiende?

Anderson: Oh, sí. Eso tiene sus propias leyes.

Krishnamurti: Tiene sus propias disciplinas.

Anderson: Exacto.

Krishnamurti: Tiene sus propias leyes y formas. Como nos han entrenado de esa forma, lo trasladamos al campo de la religión, a ese campo que requiere libertad. Libertad no al final, sino desde el principio. La mente debe estar libre de autoridad desde el principio. Si quiero descubrir qué es Dios, no la creencia en Dios, eso no tiene sentido, si Dios existe, si Dios no existe, quiero realmente descubrirlo, soy terriblemente serio. Y, si soy realmente serio, me intereso de verdad en comprender, en aprender sobre Dios, si Dios existe; debo descartar por completo todas las creencias, toda la estructura, todas las iglesias, todos los sacerdotes, todos los libros, todas las cosas creadas por el pensamiento acerca de la religión. ¿Entiende?

Anderson: Sí, entiendo. He pensado mucho en la palabra « inteligencia » y la palabra « verdad » en relación con lo que ha dicho. Y recordé un pasaje del Evangelio que termina en una interpretación muy diferente en relación a lo que dice, si uno aplica lo que ha señalado a este texto: « Cuando él, el espíritu de la verdad, venga, os conducirá hasta la verdad absoluta, y la verdad os hará libres ». Aquí llama espíritu a la verdad. Y en el mismo Evangelio de San Juan también llama espíritu a Dios. Una acción radical, no ese espíritu que yo he proyectado. Si uno lo toma en serio... Lo terrible es que no se toma seriamente.

Krishnamurti: Porque no se nos permite ser serios, señor.

Anderson: Ni siquiera somos serios con esa cosa con que decimos que debemos ser serios.

Krishnamurti: Así es.

Anderson: Sí, entiendo lo que dice.

Krishnamurti: Quiero decir: ¡no somos serios con nuestros hijos! No nos sentimos responsables de ellos a lo largo de la vida. Hasta los 4, 5 o 6 años, nos sentimos responsables. Después pueden hacer lo que quieran. De modo que la libertad y la autoridad no pueden ir juntas. La libertad y la inteligencia van juntas, y la inteligencia tiene su propia disciplina innata, natural y sencilla; no disciplina en el sentido de represión, control, imitación y todo esto, sino la disciplina que es el acto de aprender todo el tiempo.

Anderson: En atención.

Krishnamurti: Sí, en atención.

Anderson: Esa inteligencia de la que habla, ¿está asociada con la claridad, no?

Krishnamurti: Sí.

Anderson: Adviene de inmediato; no es gradual.

Krishnamurti: No, desde luego. La percepción es inteligencia.

Anderson: La percepción es inteligencia.

Krishnamurti: Y, por tanto, acción.

Anderson: Percibir es actuar.

Krishnamurti: Por supuesto.

Anderson: Así, la acción, la inteligencia, la belleza.

Krishnamurti: Todo esto.

Anderson: el amor, la verdad, la libertad,

Krishnamurti: La muerte; todos son uno.

Anderson: el orden, forman un movimiento completo, total, íntegro en acción.

Krishnamurti: Correcto.

Anderson: Eso, en sí mismo, si lo miramos positivamente, también es, una vez traducido en un concepto...

Krishnamurti: Oh, entonces deja de ser eso.

Anderson: ...se convierte en una nueva ocasión de terror.

Krishnamurti: Desde luego.

Anderson: Porque, según parece, se aleja demasiado rápido de uno.

Krishnamurti: Sí.

Anderson: En cuanto... Es como si todo eso, la belleza, la inteligencia, el amor, la libertad...

Krishnamurti: ...y la muerte.

Anderson: ...tuvieran, por así decirlo, su propia seguridad contra cualquier payasada.

Krishnamurti: Sí, señor, exacto.

Anderson: Son tan puros que ninguna payasada...

Krishnamurti: Señor, eso significa: ¿puede la mente descartar toda la estructura del pensamiento en relación con la religión? No puede descartar la función del pensamiento en el campo del conocimiento. Eso está entendido, está claro. Pero en eso otro hay algo que no sabemos, ¿entiende, señor? Pretendemos saber. Cuando un hombre dice: « Jesús es el Salvador », o lo que sea, es una pretensión. Es como decir: « Yo sé y usted no ». ¡Qué sabe, por Dios; no sabe nada! ¡Solo repite lo que ha aprendido de otro! Así, ¿puede la mente, en el campo de la religión...? Porque religión significa, como dijimos, reunir toda la energía en esa cualidad de atención. Y es esa cualidad de atención la que regenera al hombre, la que produce la verdadera transformación del hombre respecto a su conducta, su comportamiento, toda su forma de relacionarse. La religión es ese factor, no toda esa payasada de hoy en día. Ahora, para investigar, la mente debe descartar toda la estructura de pensamiento alrededor de esa palabra, ¿entiende, señor?

Anderson: Sí, entiendo.

Krishnamurti: ¿Puede uno hacerlo? Si no, estamos fingiendo, hablando de Dios, Dios sí, Dios no. ¿Entiende? Todo ese sinsentido. La primera pregunta es: ¿puede la mente liberarse de la autoridad de otro, por más grande, por más sublime, por más divino o no divino que sea?

Anderson: Y debido a que se necesita una acción para responder esa pregunta...

Krishnamurti: Efectivamente.

Anderson: ...el individuo debe hacerlo por sí mismo.

Krishnamurti: Si no, simplemente vive en la rutina de la función, que tiene y que sigue haciendo, y, por tanto, cae en todo ese circo que llamamos religión.

Anderson: Eso mismo me llegó con una fuerza dramática ayer en la clase. Por un lado, tenemos libros de texto que han sobrevivido durante siglos, debido a su valor clásico. Y la forma habitual de impartir este material es que uno aprende, digamos, algo sobre la visión china de la vida. Luego está la visión hindú de la vida, y así acumulamos durante un largo período de tiempo; en la escuela, en la universidad, si uno lo aguanta, acaba dominando lo que...

Krishnamurti: ...otra gente ha dicho.

Anderson: ...otros han dicho.

Krishnamurti: Pero no sabe nada de nada.

Anderson: Exacto. Adquiere ciertas habilidades para poder funcionar, como usted decía. Ahora, el profesor tiene un problema. Pienso en estas escuelas que ha mencionado, en la India y la que habrá en Ojai. Hay mucho material; claramente, el profesor debe tener conocimientos para poder funcionar correctamente, para emplear las técnicas, etc.; simplemente debe saberlo. El estudiante leerá libros.

Krishnamurti: Por supuesto.

Anderson: En estas escuelas que ha mencionado, deberá...

Krishnamurti: Oh, lo hacen.

Anderson: Leen libros. Y no han sido escritos necesariamente por gente comprometida a hacer eso que sucede entre estudiantes y profesores en esas escuelas. El profesor debe usar este material escrito en los libros de tal manera que muestre al niño o al estudiante que es posible leer este material sin que al hacerlo produzca división en uno.

Krishnamurti: Y también, ¿qué haría si no hubiera libros?

Anderson: Estaría en la misma situación.

Krishnamurti: No; si no hubiera libros, nadie que dijera « tradición », tendría que descubrirlo por sí mismo.

Anderson: Pero eso es lo que pedimos que hagan con el libro, ¿no es cierto?

Krishnamurti: ¿Lo hacen?

Anderson: No, generalmente no. Pero en este nuevo enfoque...

Krishnamurti: Ah, por supuesto.

Anderson: En este nuevo enfoque debemos...

Krishnamurti: ...unir el libro y lo otro.

Anderson: ...unir el libro y lo otro.

Krishnamurti: Y la libertad. El libro y la libertad.

Anderson: Sí. Eso fue lo que me chocó tanto ayer en la clase. Inmediatamente, me sentí tremendamente responsable por hacer eso, hasta donde pudiera. Y me sorprendió ver que, si bien los estudiantes estaban muy dudosos, había mucha ansiedad, verdadero miedo y nerviosismo, lo bueno que poseían se afirmó por sí mismo, y había enorme interés en esa posibilidad. Pero entonces estaba la duda que de alguna forma no se superó.

Krishnamurti: No se superó, sí.

Anderson: La duda estaba ahí. Tengo la impresión de que esto ha sucedido a lo largo de los siglos con personas que han estudiado seriamente las Escrituras, ya que hablábamos de religión. A veces uno lo detecta en sus comentarios y sus escritos. Llegan hasta un punto...

Krishnamurti: Y lo pierden.

Anderson: ...y no pueden...

Krishnamurti: ...hacerlo.

Anderson: ...seguir adelante. No pueden ir...

Krishnamurti: Entiendo.

Anderson: ...más allá de ese punto.

Krishnamurti: Así es, señor; ha sido mi suerte o desgracia hablar mucho. Y todos llegan a ese punto. Dicen: « Por favor, ¿qué debo hacer? He llegado hasta ese punto y no puedo avanzar ». Señor, mírelo de esa forma, si me permite: si yo tuviera una clase, no hablaría primero del libro. Diría: libertad. Ustedes son personas de segunda mano; no pretendan que no lo son. Son personas de segunda mano, descuidadas y vulgares, y tratan de encontrar algo que es original. Dios, la verdad es original; no está coloreada por ningún sacerdote del mundo. Es original. Por tanto, deben tener una mente original, y eso significa una mente libre. No original pintando un nuevo cuadro o haciendo algo nuevo; todo eso son tonterías, sino una mente libre. Una mente libre que pueda funcionar en el conocimiento y una mente libre que pueda mirar, observar, aprender. Ahora, ¿cómo ayudará a otro, o no es posible hacerlo, a ser libre? ¿Entiende? Mire, yo nunca he pertenecido a nada: no tengo iglesia, creencia, nada de eso. Un hombre que realmente quiere descubrir si existe lo eterno, lo indescriptible, algo más allá de todo pensamiento, debe naturalmente descartar todo lo que el pensamiento ha creado: el Salvador, los Maestros, los gurús, el conocimiento, ¿entiende?; todo esto. ¿Alguien quiere hacerlo? ¿Alguien emprenderá ese viaje? O dirán: « Bueno, cuéntemelo, amigo mío; me sentaré cómodamente para que me lo cuente ».

Anderson: Sí, eso es lo que sucede.

Krishnamurti: Yo digo: No lo describiré. ¡No les diré ni una sola cosa sobre ello! Ponerlo en palabras es destruirlo. Así, veamos si pueden ser libres. ¿Qué temen? ¿Temen la autoridad? ¿Temen equivocarse? Pero si su forma de vivir es totalmente equivocada; seguir así es una estupidez, no tiene ningún sentido. ¿Entiende, señor? Nieguen la autoridad espiritual, sea la que sea. ¿Qué temen? ¿Equivocarse espiritualmente? Ellos están equivocados, no ustedes, porque ustedes están aprendiendo. Son ellos los que están establecidos en la equivocación.

Anderson: Esto es hermoso, sí.

Krishnamurti: Y bien, ¿por qué los siguen y los aceptan? Ellos son corruptos. ¿Y pueden liberarse de todo esto, de modo que su mente, a través de la meditación, de la cual hablaremos en otra ocasión, encuentre lo que significa ser libre, lo que significa eliminar todas las cosas que otros les han inculcado? ¿Entiende? De forma que sean inocentes, que su mente nunca sea herida, que sea incapaz de sentirse herida. Eso es lo que significa « inocencia ». Y, a partir de ahí, investigar, emprender el viaje. ¿Entiende, señor? Desde esa negación de todo lo que el pensamiento ha creado. Porque el pensamiento es tiempo, es materia, y mientras uno viva en el campo del pensamiento nunca habrá libertad. Viven en el pasado. Puede que piensen que viven en el presente, pero realmente viven en el pasado cuando el pensamiento opera, porque es la respuesta de de la memoria, del conocimiento, de la experiencia acumulada en el cerebro. Y ese conocimiento, esa experiencia, es la expresión del pensamiento. Mientras no comprendan eso y conozcan los límites del pensamiento, no podrán entrar en ese campo que llamamos « religión ». ¿Entiende, señor? A menos que uno les diga y repita todo esto, se lo muestre, pueden seguir hablando de libros indefinidamente. Esto es lo primero. Entonces pueden leer los libros.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: El Buda nunca leyó un libro; escuchó, miró, vigiló, observó, ayunó, dijo: « Todo eso es basura », y lo descartó.

Anderson: Justo pensaba en algo que usted dijo: « Uno debe seguir repitiendo esto ».

Krishnamurti: De diferentes formas.

Anderson: De diferentes formas, pero seguir. Estoy hablando ahora de enseñanza. Ese punto de duda es el punto donde algo surgirá o no surgirá.

Krishnamurti: Correcto, señor.

Anderson: Esa hermosa expresión que usted dijo antes: « Encarnar ahora ».

Krishnamurti: Sí, ahora.

Anderson: De modo que estamos en el borde. Estamos, según las palabras de Ortega, oscilando de atrás hacia adelante en el borde de un nuevo suceso, y no sobrepasamos la línea. No hay nada que podamos hacer en este punto en relación con el terror de la persona que escucha esto; me incluyo, no me separo de hacerlo junto con el estudiante, porque en eso soy un estudiante, aquí soy un estudiante entre los estudiantes. Y existe ese quedarse atónito, ese miedo y temblor, y no hay nada que se pueda hacer excepto animar.

Krishnamurti: Y decirles: « Esperen, permanezcan con eso ».

Anderson: No huyan.

Krishnamurti: No huyan. No importa si tiemblan; sigan temblando.

Anderson: No se vayan corriendo.

Krishnamurti: No salgan corriendo.

Anderson: Y decirlo de diferentes maneras una y otra vez. Ahora comprendo cuando dice: « Empecemos la clase con 10 minutos...

Krishnamurti: ...de esto.

Anderson: ...de esto; no abran el libro ».

Krishnamurti: Exacto, señor.

Anderson: No abrir el libro; empezar con esto. Entonces, cuando se abre el libro, tal vez la palabra cambia, se revela a sí misma.

Krishnamurti: Así es.

Anderson: Porque entra la inteligencia.

Krishnamurti: Exacto.

Anderson: Se percibe, todo es maravilloso. Sí, por favor, no quiero interrumpirle; solo quería asegurarme... Es muy importante para mí comprender esto.

Krishnamurti: Porque, mire, señor, los estudiantes corren de una clase a la otra debido a que tienen poco tiempo; corren de las matemáticas a la geografía, de la geografía a la historia, a la química, a la biología; corren, corren, ¿entiende? Si yo fuera uno de los profesores, les diría: « Miren, siéntense, esténse quietos 5 minutos, quédense tranquilos. Miren por la ventana, si quieren; miren la belleza de la luz sobre el agua, sobre la hoja, miren esto o aquello, pero estén tranquilos ».

Anderson: Ahora enseñamos en clases sin ventanas.

Krishnamurti: Claro, es natural.

Anderson: Sí, solo estaba bromeando.

Krishnamurti: Por supuesto, señor.

Anderson: Pero no solo es bromear; es horroroso.

Krishnamurti: Un horror... Les enseñan a ser eficientes, señor.

Anderson: Lo sé.

Krishnamurti: « ¡No miren nada más; sean como los monos! » Y educan así a los niños.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Es espantoso.

Anderson: La clase es una tumba, sí.

Krishnamurti: Por eso diría: « Siéntense en silencio »; luego, después de un rato, primero hablaría de esto. Lo he hecho en las escuelas. Hablo de libertad, de autoridad, de belleza, de amor; de todo lo que hemos hablado. Y luego abrimos los libros, pero aprenden mucho más con eso que con el libro.

Anderson: Oh, sí, seguro.

Krishnamurti: Entonces el libro les muestra lo que son, ¿entiende?

Anderson: Sí, exactamente. Se ve el libro...

Krishnamurti: El libro se convierte en algo de segunda mano.

Anderson: Sí, se ve con los ojos limpios.

Krishnamurti: Por eso, señor, personalmente nunca leo ninguno de estos libros: el Gita, los Upanishads, lo que dijo el Buda. Me aburren; lo siento. No me dicen nada. Lo que tiene sentido es observar: observar a los pobres en la India, observar a los ricos, a los dictadores, a los Mussolinis, a los Hitlers, a los Krushchevs, a los Brezhnevs; observarlos, y a los políticos. Así se aprende mucho, porque el verdadero libro es uno mismo, ¿entiende, señor? Si puede leer su propio libro, que es usted mismo, lo aprenderá todo, excepto el conocimiento práctico. Cuando hay conocimiento propio, la autoridad no tiene sentido. No la aceptaré. ¿Por qué debo aceptar a esa gente que trae la verdad de la India? ¡No traen ninguna verdad! Traen una tradición, lo que ellos creen. Así, ¿puede la mente descartar todo lo que el hombre ha enseñado, inventado o imaginado, sobre la religión, Dios, esto o aquello? Es decir, ¿puede la mente, que es la mente del mundo, que es la mente de la consciencia colectiva, puede esa consciencia vaciarse a sí misma de todas las cosas que el hombre ha dicho de la verdad? De lo contrario, no es posible, ¿entiende, señor?

Anderson: No es posible empezar.

Krishnamurti: No solo empezar; ¿qué puedo descubrir? ¿Lo que otros han dicho? Lo que Buda, Cristo... ¿Por qué tengo que aceptarlo?

Anderson: Bueno, lo terrible es que no estoy en la posición de captar la profundidad de lo que dijeron hasta que eso suceda.

Krishnamurti: Así, la libertad, señor, es absolutamente necesaria.

Anderson: Oh, sí. Absolutamente.

Krishnamurti: Pero ninguno de ellos lo dice; por el contrario, dicen que la libertad llega mucho más tarde. « Quédense en prisión por el resto de sus vidas; cuando mueran, tendrán libertad ». Eso es básicamente lo que predican. Así pues, ¿puede la mente, el corazón y todo lo acumulado en el cerebro estar libre de las cosas que el hombre ha dicho sobre la verdad? Esa es una pregunta maravillosa, ¿entiende, señor?

Anderson: Oh, sí, entiendo. Una de las cosas para mí más contundentes en nuestros diálogos ha sido su constante vuelta a una pregunta.

Krishnamurti: Sí.

Anderson: La vuelta a la pregunta. Y el concepto de vuelta, en su profundidad, ha sido, creo, erróneamente planteado. Esa vuelta se plantea como un movimiento hacia una respuesta.

Krishnamurti: Correcto.

Anderson: Pero no es una vuelta atrás.

Krishnamurti: No, por supuesto.

Anderson: No, porque se trata de ir hacia lo original que usted mencionó. Así, se vuelve a la pregunta y no a la respuesta.

Krishnamurti: Exacto, señor. Sabe, una vez estuve en Cachemira, entre las montañas, y vino a verme un grupo de monjes recién bañados y todo esto, después de practicar sus ceremonias, etc. Vinieron a verme y me comentaron que justo regresaban de ver a un grupo de personas no mundanas que eran supermonjes, que vivían en lo alto de las montañas. Y dijeron que no eran nada mundanos. Pregunté: « ¿Qué quieren decir con esa palabra, señores? ». Respondieron: « Han salido del mundo; el mundo ya no les tienta; tienen un gran conocimiento del mundo ». Dije: « Cuando salieron del mundo, ¿dejaron atrás sus recuerdos del mundo? Las memorias, el conocimiento del mundo, ¿entiende? que los gurús, los maestros han creado? ». Contestó: « Eso es sabiduría; ¿cómo puede soltar la sabiduría? ». Le dije: « Quiere decir que la sabiduría se consigue por un libro, por un maestro, por otro, a través del sacrificio, de la tortura, de la renuncia? ». ¿Entiende, señor, la idea que tenían? Es decir, la sabiduría es algo que puede comprar a otro.

Anderson: Subieron la montaña con todo ese equipaje.

Krishnamurti: Con ese equipaje, exacto. Eso fue lo que dije. Seguramente han dejado todo ese equipaje del mundo, pero cargan con su propio equipaje. ¿Entiende, señor?

Anderson: Oh, Dios mío.

Krishnamurti: Eso es realmente muy importante, si la mente es verdaderamente seria, descubrir qué significa religión. No toda esa otra basura. Lo sigo repitiendo porque parece aumentar; ya sabe, crece. Liberar la mente de todo ese aumento, de esa acumulación, significa ver las acumulaciones, ver todas las absurdidades.

Anderson: Eso revela un aspecto muy diferente de nuestra palabra « mundano ».

Krishnamurti: Sí, así es.

Anderson: Suben la montaña para abandonar el mundo. Pero sufren enormemente para llevárselo con ellos.

Krishnamurti: Exacto, señor. Eso es lo que sucede cuando ingresan en un monasterio.

Anderson: Por supuesto. Lo acumulado, las incrustaciones.

Krishnamurti: Volvamos, señor: ¿puede la mente estar completamente sola? No aislarse, no retirarse, no edificar un muro a su alrededor y decir: « Entonces estaré sola ». Sino sola en el sentido de esa soledad que surge cuando uno descarta todo esto, todas las cosas del pensamiento. ¿Entiende, señor? Porque el pensamiento es muy listo, muy astuto; construye una maravillosa estructura y lo llama realidad, pero el pensamiento es la respuesta del pasado; por tanto, es tiempo. Como es tiempo, no puede crear nada más allá del tiempo. El pensamiento puede funcionar en el campo del... conocimiento; ahí es necesario, pero no en el otro campo. Y eso no requiere valentía, no requiere sacrificio, no requiere tortura; solo percibir lo falso. Ver lo falso es ver la verdad en lo falso. No sé...

Anderson: Ver lo falso es ver la verdad en lo falso.

Krishnamurti: Claro.

Anderson: Debo repetirlo de nuevo. Ver lo falso es ver la verdad en lo falso.

Krishnamurti: Y ver lo que se considera la verdad como falso.

Anderson: Sí, sí.

Krishnamurti: De modo que mis ojos están limpios de todo lo falso; por tanto, no hay ningún engaño interno porque no hay ningún deseo de ver algo, de lograr algo. En el momento en que hay un deseo de experimentar, de lograr, de llegar a la iluminación, todo esto, surge la ilusión, algo creado por el deseo. Por consiguiente, la mente debe estar libre de perseguir deseos y su cumplimiento; ya hablamos de eso anteriormente. Comprender la estructura del deseo; ya hablamos ampliamente de eso. Así que llegamos al punto: ¿puede la mente ser libre, liberarse de todas las cosas que surgen del miedo, del deseo y del placer? Eso significa una profunda comprensión de uno mismo.

Anderson: Lo que voy pensando es que uno puede repetir esas preguntas...

Krishnamurti: Sí, señor.

Anderson: ...y pensar que las ha captado.

Krishnamurti: Se captan las palabras.

Anderson: Exacto. Algo tiene que surgir del otro lado.

Krishnamurti: Así es.

Anderson: Pero repetir la pregunta tiene un valor funcional.

Krishnamurti: Lo sé.

Anderson: Eso creo.

Krishnamurti: Sí, señor, lo tiene. Es decir, si la persona está dispuesta a escuchar.

Anderson: Si está dispuesta a escuchar, porque el pensamiento es increíblemente engañoso.

Krishnamurti: Mucho.

Anderson: Como usted decía. Justo estaba pensando en las palabras del pobre Jeremías: « El corazón es desesperadamente perverso y engañoso, más que cualquier otra cosa ». Sin duda, debió haber...

Krishnamurti: ...percibido algo.

Anderson: Sí, por supuesto, como con toda la línea... Sin embargo, me hacía a mí mismo la pregunta de por qué seguía con mi formación académica. Y al investigarlo profundamente, creo, debo regresar a algo que puede parecer absurdo, pero tiene algo que ver con lo que usted dijo. Cuando era muy pequeño crecí en Inglaterra y me escolarizaron mucho antes que a la mayoría de niños americanos, y siempre he leído mucha poesía. No sé lo que nos ha sucedido en este país, pero la poesía ha dejado de existir para la masa.

Krishnamurti: Lo sé, señor.

Anderson: Aunque, gracias a Dios, yo crecí con ella.

Krishnamurti: Sí, en Inglaterra todo el mundo lee poesía: en griego, en latín; todos lo hicimos.

Anderson: Siempre me leía poesías la joven muchacha que mis padres emplearon para que me cuidara a mí y a mi hermana pequeña; nunca me iba a dormir sin escuchar alguna. Un día, en la escuela, cuando era muy pequeño, el profesor leyó « El búho y la gatita se fueron al mar en una hermosa barquita verde », ese maravilloso escrito de Edward Lear.

Krishnamurti: Edward Lear, sí.

Anderson: Y ya sabe, nunca volví a ser el mismo. Y ahora sé por qué: parece totalmente absurdo, pero con el lenguaje experimenté un esplendor con el que nunca perdí contacto a pesar de mis dificultades con los profesores. Lo pasé mal en la escuela para terminar mi formación académica; suena mal decirlo, pero sucedió. Lo pasé mal, y una de las razones fue mi rechazo a renunciar a esto...

Krishnamurti: Sí, la gatita en la barca.

Anderson: El hecho de que haya un pájaro y un gato en la misma barca. Y el hombre describe lo que usted ha llamado acción, movimiento, en el cual la verdad, la belleza, etc., se mueven juntas. ¡Oh, Dios!

Krishnamurti: Señor, creo que debemos, llegados a este punto, profundizar de nuevo en la cuestión de la meditación.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Porque la religión, en el sentido del que hablamos, y la meditación van juntas. Eso significa que la religión no es solo una idea, sino una verdadera actitud en nuestra vida cotidiana. Nuestros pensamientos, lo que decimos, nuestro comportamiento es la esencia misma de la religión. ¿Entiende, señor? Sin eso, la religión no puede existir; son solo palabras; puede hilar muchas palabras juntas, ir a varios circos, pero eso no es religión. Después de establecer eso profundamente en uno mismo y entender qué es la religión, entonces lo siguiente es: ¿qué es la meditación? Es muy importante, porque la meditación, si se comprende correctamente, es la cosa más extraordinaria que el hombre puede tener. La meditación no está separada de la vida diaria.

Anderson: Me pasaba por la mente que la raíz etimológica de la palabra « medesthai », « medeo »...

Krishnamurti: « Medeo » es pensar, reflexionar, investigar.

Anderson: En Homero, conlleva la idea de « encargarse de », en el sentido de cuidar. Muy hermoso. Eso trae la cuestión que señaló antes sobre el verdadero cuidado.

Krishnamurti: Sí, señor.

Anderson: Uno no medita a menos que sea...

Krishnamurti: ...cuidadoso.

Anderson: ...cuidadoso y atento.

Krishnamurti: Atento antes que cuidadoso, sí.

Anderson: Sí, todo está en esa palabra, pero no lo vemos. Sí, siga, por favor.

Krishnamurti: Mire, cuando separamos la conducta de la religión, cosa que hacemos; separamos la relación de la religión, cosa que hacemos; separamos la muerte de la religión, cosa que hacemos; separamos el amor de la religión; cuando hacemos del amor algo sensorial, algo placentero, entonces la religión, que es el factor de regeneración, desaparece en el hombre; es por eso que degeneramos. Si puedo ser muy enfático, a menos que tengamos la cualidad de una mente realmente religiosa, la degeneración es inevitable. ¿Entiende, señor? Mire a los políticos que supuestamente gobiernan, guían, ayudan a la gente; han degenerado. Puede ver lo que sucede en este país y en cualquier parte: son muy corruptos. Y pretenden traer orden. Son muy irreligiosos. Puede que vayan a la iglesia, baptista o cualquier otra, pero son realmente irreligiosos, porque no tienen una buena conducta. Así, el hombre degenera cada vez más; puede verlo, señor, porque la religión es el factor que trae una nueva cualidad de energía. Es la misma vieja energía, pero se convierte en una nueva cualidad, de modo que el cerebro no degenera. A medida que envejecemos, tendemos a degenerar; pero eso no sucede, porque es la libertad de toda forma de seguridad del « yo ». No tiene lugar.

Anderson: Ayer observé en clase este asunto de la energía del que está hablando. Hubo una activación...

Krishnamurti: Sí, señor.

Anderson: ...que sucedió hacia el final de la clase, y fue extenuante a causa de esa terrible duda. Pero, no obstante, hubo una liberación de energía que nada tuvo que ver con el entretenimiento, la gente apresurándose a aclarar sus propias mentes, como dicen, lo cual es, por supuesto, una tontería, porque solo se agotan a sí mismos mucho más de lo que están. Pero, en este caso concreto, se vio una demostración empírica de lo que dice. Es algo que está ahí. Se puede ver; es observable.

Krishnamurti: Correcto, señor.

Anderson: Y se pudo contemplar cómo brotaba como un laurel. Sí, por favor, siga.

Krishnamurti: Mire, señor, por eso los sacerdotes de todo el mundo han convertido la religión en algo lucrativo, tanto para el devoto como para el intermediario. Lo han convertido en un negocio, en un asunto intelectual, en algo puramente comercial, no solo físicamente, sino internamente, en lo profundo: « Haga esto y alcanzará aquello ».

Anderson: Utilitarista hasta la médula.

Krishnamurti: Lo cual es comercial.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Por tanto, a menos que eso termine, seguiremos degenerando más y más. Por eso me siento inmensamente responsable, personalmente, tremendamente responsable de la audiencia, cuando hablo; cuando voy a las diferentes escuelas de la India me siento responsable de aquellos niños. ¿Entiende, señor?

Anderson: Sí, claro, entiendo. Con toda certeza.

Krishnamurti: Les digo: « Por el amor de Dios, sean diferentes, no crezcan así; observen ». Lo investigo muy, muy... Ya sabe, hablo mucho, y entonces empiezan a verlo. Pero el mundo es demasiado fuerte para ellos; tienen que ganarse la vida. Tienen que resistir a sus padres, que quieren que se establezcan, tengan un trabajo, una casa, se casen; todas estas cosas. Y la opinión pública y la superpoblación es demasiado fuerte.

Anderson: El tremendo peso de la tradición en las cuatro etapas de la vida.

Krishnamurti: Así, digo: vamos a descubrir si hay una « élite », si puedo usar esa palabra sin esnobismo; vamos a crear unos pocos que estén realmente interesados, unos pocos profesores y estudiantes. Incluso eso es muy difícil, porque la mayoría de profesores no son buenos en esto o aquello, y por eso se hacen profesores. Ya sabe cómo son.

Anderson: Sí. Oh, Dios, sí.

Krishnamurti: De modo que, señor, todo está en su contra. Todo. Los gurús están en su contra, los sacerdotes están en su contra, los hombres de negocios, los profesores, los políticos; todos están en su contra. ¡No tenga ninguna duda de eso! No les ayudarán ni un poco; solo quieren que les sigan. Eso es lo que les interesa.

Anderson: Sí, está claro. En nuestro próximo diálogo, ¿cree que podríamos explorar la actividad de la meditación en relación con todo este horror?

Krishnamurti: Sí, lo haremos.

Anderson: Oh, es maravilloso.

Decimosexto Conversación con Dr. Allan W. Anderson

Lunes 18 Febrero 1974

© 2016 Copyright by Krishnamurti Foundations

Sauf mention contraire, le contenu de ce site est mis à disposition
selon les termes de la Licence CC BY-SA 4.0
Web Statistics