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Sufrimiento, pasión y belleza

Noveno Conversación con Dr. Allan W. Anderson

Lunes 18 Febrero 1974

Anderson: Sr. Krishnamurti, en nuestro último diálogo, empezamos hablando del miedo y luego de la relación entre el miedo y la transformación del individuo, la cual no depende del conocimiento ni del tiempo, y del placer, y justo hacia el final de nuestro diálogo surgió la cuestión de la belleza. Si le parece bien, me gustaría mucho explorar esto juntos.

Krishnamurti: Uno se pregunta por qué los museos están tan llenos de cuadros y estatuas. ¿Es porque el hombre ha perdido el contacto con la naturaleza y, por tanto, tiene que ir a los museos para ver las obras de otras personas, obras famosas, algunas de ellas realmente maravillosas? ¿Por qué existen los museos? Solo pregunto; no digo que deban o no existir. He visitado muchos museos en todo el mundo, acompañado por expertos, y siempre he sentido, mientras me iban enseñando y miraba esas obras, que eran artificiales, expresiones de lo que otras personas consideraban belleza. Y me preguntaba qué es la belleza. Porque cuando uno lee un poema de Keats, o un poema que un hombre escribe con su corazón y con un profundo sentimiento, busca transmitir algo de lo que él siente, algo que considera como la esencia más exquisita de la belleza. También he visto muchas catedrales, seguramente que usted también, por Europa, y de nuevo expresan sus sentimientos, su devoción, su reverencia, en albañilería, en piedras, en edificios, en maravillosas catedrales. Y cuando veo todo esto, siempre me sorprende, cuando la gente habla de la belleza o escribe acerca de la belleza, si es algo creado por el hombre, si es algo que se ve en la naturaleza o si no tiene nada que ver con la piedra, la pintura o la palabra, sino que es algo interno muy profundo. Así, a menudo, en los diálogos con los « profesionales », cuando hablo con ellos, me parece que la belleza siempre está allí fuera, en la pintura o la música moderna, en la música pop, etc.; de alguna manera siempre es muy artificial. Puedo estar equivocado. Así, ¿qué es la belleza? ¿Debe expresarse? Esa es una pregunta. ¿Necesita de la palabra, de la piedra, del color, de la pintura? ¿O es algo que no puede expresarse en palabras, en un edificio, en una estatua? Si pudiéramos investigar qué es la belleza, siento que para investigarlo realmente y profundamente uno debe saber qué es el sufrimiento, o comprender qué es el sufrimiento, porque sin pasión no puede haber belleza; no me refiero a ello en el sentido de lujuria, sino a esa pasión que surge cuando hay inmenso sufrimiento. Y permanecer con ese sufrimiento, no escapar de él, trae esa pasión. Pasión significa el abandono, el completo abandono del « yo », del ego, del « mí ». Por tanto, una gran austeridad, no la austeridad de... Esa palabra significa ceniza, riguroso, seco, que es lo que la gente religiosa ha hecho de ella, sino más bien la austeridad de la enorme belleza.

Anderson: Sí, le sigo, realmente lo hago.

Krishnamurti: Un enorme sentido de dignidad, de belleza; eso es esencialmente la austeridad. Y ser austero, no verbal o ideológicamente, ser austero significa un total abandono del « yo ». Y eso no puede suceder si uno no comprende profundamente qué es el sufrimiento. Porque pasión viene de la palabra « sufrimiento ». No sé si lo ha investigado, si ha estudiado esa palabra, pero la raíz de la palabra « pasión » es sufrimiento, viene de sufrimiento.

Anderson: De sentir.

Krishnamurti: Sentir. Mire, señor, la gente escapa del sufrimiento. Está profundamente relacionado con la belleza, lo cual no significa que uno deba sufrir.

Anderson: No, no se trata de sufrir. Sí.

Krishnamurti: Es decir, no, debemos ir más despacio; voy demasiado rápido. En primer lugar, pensamos que sabemos qué es la belleza. Vemos un Picasso, un Rembrandt o un Miguel Ángel y decimos: « ¡Qué maravilla! ». Creemos que sabemos. Lo hemos leído en libros, los expertos han escrito sobre ello, etc. Uno lo lee y dice « sí ». Lo asimilamos a través de otros. Pero para investigar realmente qué es la belleza tiene que haber un gran sentido de humildad. Realmente no sé qué es la belleza. Puedo imaginar lo que es, me han dicho lo que es, me lo han enseñado en la escuela, en la universidad, he leído libros, he asistido a visitas, visitas guiadas, todo esto, visitando miles de museos; pero para realmente descubrir la profundidad de la belleza, la profundidad del color, del sentimiento, la mente debe empezar con un gran sentido de humildad: diciendo « No sé ». Uno tampoco sabe qué es realmente la meditación, aunque crea saberlo. Veremos eso cuando hablemos de meditación. De modo que uno debe empezar con ese sentir, si quiere investigar la belleza, con ese gran sentido de humildad, de no saber. Ese mismo « no saber » es belleza.

Anderson: Sí, sí, estoy escuchando y trato de abrirme a esa relación que usted señala entre belleza y pasión.

Krishnamurti: Mire, señor, vamos a empezar. El hombre sufre, no solo individualmente, sino que hay un inmenso sufrimiento humano; es una constante en el universo. El hombre ha sufrido física, psicológica y espiritualmente, de todas formas, siglo tras siglo. La madre llora porque han matado a su hijo, la esposa llora porque han mutilado a su esposo en la guerra o ha tenido un accidente. No creo que la gente sea consciente o incluso sienta este inmenso sufrimiento que hay en el mundo. Todos están demasiado preocupados por su propio sufrimiento personal; no ven el sufrimiento del hombre pobre que vive en una pequeña aldea de la India, de China o en Oriente, donde seguramente nunca tienen una comida completa, ropa limpia o un lecho confortable. Y está el sufrimiento de miles de personas muertas en la guerra, o en el mundo totalitario millones han sido ejecutados por ideologías, tiranías y todo ese terror. Así, existe todo este sufrimiento en el mundo; está también el sufrimiento personal. Y sin comprenderlo realmente muy, muy profundamente y resolverlo, la pasión no surgirá del sufrimiento. Y sin esa pasión, ¿cómo puede ver la belleza? Intelectualmente puede apreciar un cuadro, un poema o una estatua, pero es necesario ese estallido de pasión interna, esa explosión de pasión. Eso mismo crea la sensibilidad que puede ver la belleza. Así que es muy importante comprender el sufrimiento. Pienso que belleza, pasión y sufrimiento están relacionados.

Anderson: Me interesa el orden de estas palabras: belleza, pasión, sufrimiento. En relación con la transformación de la que hablamos, captar la belleza, entiendo, es un camino del sufrimiento a la pasión y a la belleza.

Krishnamurti: Así es, señor.

Anderson: Sí, sí. Por favor, siga; entiendo.

Krishnamurti: Mire, en el mundo cristiano, si no estoy equivocado, se delega el sufrimiento a otra persona, y por medio de esa persona escapamos del sufrimiento, es decir, esperamos escapar del sufrimiento. Y en el mundo oriental se racionaliza el sufrimiento mediante la explicación del « karma ». Como sabe, la palabra « karma » significa « hacer ». Ellos creen en el « karma », o sea, lo que uno ha hecho en su vida pasada debe pagarlo o tener la recompensa en el presente, etc., etc. Así, están estos dos tipos de escape. Hay miles de escapes: el whisky, las drogas, el sexo, ir a misa, etc. El ser humano nunca permanece con algo; siempre busca el confort en una creencia, en una acción, identificándose con algo más grande que él, etc., etc., pero nunca dice: « Tengo que ver lo que es; debo investigarlo y no delegarlo a otros; debo profundizar, afrontarlo, observarlo y saber qué es ». Cuando la mente no escapa del sufrimiento, sea el personal o el del ser humano, si no escapa, si no lo racionaliza, si no trata de trascenderlo, si no tiene miedo, entonces permanece con él. Porque cualquier movimiento para alejarse de « lo que es », cualquier movimiento lejos de « lo que es », es una pérdida de energía; impide comprender realmente « lo que es ». El sufrimiento es « lo que es », y tenemos medios, formas astutas para escapar. Ahora bien, si no hay ningún escape en absoluto, entonces uno permanece con él. No sé si alguna vez lo ha hecho, porque en la vida de uno suceden incidentes que producen enorme sufrimiento, sucesos. Puede ser un incidente, una palabra, un accidente, un terrible sentimiento de completa soledad, etc. Estas cosas suceden y con ellas llega esa sensación de profundo sufrimiento. Así, cuando la mente puede permanecer con eso, sin escapar, de ahí surge la pasión. No se trata de pasión cultivada, de ser artificialmente apasionado, sino que el movimiento de la pasión nace del no evadirse del sufrimiento, del permanecer completa y totalmente con él.

Anderson: También decimos, cuando hablamos de alguien que sufre, que está desconsolado.

Krishnamurti: Sí, desconsolado.

Anderson: Desconsolado, e inmediatamente pensamos que el antídoto es liberarse del « des », no permanecer con el « des ». En un diálogo anterior hablamos de dos cosas relacionadas entre sí en términos de las caras opuestas de la misma moneda, y mientras hablaba ahora he visto la interrelación, en un sentido polar, entre acción y pasión. La pasión es capaz de experimentar, de cambiar, mientras que la acción es la que efectúa el cambio. Ese sería el movimiento del sufrimiento a la pasión, en el punto exacto, si lo he entendido bien, en que soy capaz de afrontar lo que hay ahí.

Krishnamurti: O sea, cuando no hay escape, cuando uno no busca consuelo lejos de « lo que es », entonces de esa realidad absoluta e ineludible surge la llama de la pasión. Y sin eso no hay belleza. Pueden escribir infinitos libros sobre la belleza o ser pintores maravillosos, pero sin esa cualidad interna de la pasión que es el resultado de esa gran comprensión del sufrimiento, no veo cómo puede haber belleza. Uno también ve que el hombre ha perdido el contacto con la naturaleza.

Anderson: Oh, sí.

Krishnamurti: Por completo, en especial en las grandes ciudades, incluso en las pequeñas aldeas, pueblos y poblados, el hombre siempre va hacia fuera, hacia lo externo, perseguido por sus propios pensamientos, y así, más o menos, pierde el contacto con la naturaleza. La naturaleza no significa nada para él, aunque sea muy bonita o hermosa. Una vez estaba con algunos amigos y mi hermano, hace muchos años, en el Gran Cañón, mirando aquella cosa maravillosa e increíble: los colores, la profundidad y las sombras. Llegó un grupo de personas y una señora dijo: « Sí, es maravilloso », y la mujer junto a ella respondió: « Vamos a tomarnos un té ». Y se fueron corriendo, ¿entiende? Eso es lo que sucede en el mundo: hemos perdido todo contacto con la naturaleza; no sabemos lo que significa. Y también matamos, ¿entiende? Matamos para comer, por diversión, por deporte... No examinaré todo esto. De modo que hay una falta de relación íntima con la naturaleza.

Anderson: Recuerdo un choque, un profundo choque que tuve cuando era estudiante. Estaba de pie en la escalinata del edificio administrativo mirando una puesta de sol muy hermosa, y uno de mis amigos me preguntó qué estaba haciendo; le contesté: « Bueno, no estoy haciendo nada; estoy mirando la puesta de sol ». ¿Sabe lo que me respondió? Me chocó tanto... Es una de las cosas que nunca olvidaré; me dijo: « Bueno, nada lo puede impedir, ¿verdad? ».

Krishnamurti: Nada.

Anderson: « Nada lo puede impedir, ¿verdad? ». Sí, le sigo.

Krishnamurti: Señor, mire, nos estamos volviendo más y más artificiales, más y más superficiales, más y más verbales, en una dirección lineal, nunca vertical, sino lineal. Y naturalmente las cosas artificiales se vuelven muy importantes: los teatros, los cines; ya sabe, todo el negocio del mundo moderno. Muy pocos tienen ese sentido de belleza interna, de belleza en la conducta, ¿entiende, señor?

Anderson: Oh, sí.

Krishnamurti: Belleza en la conducta, belleza en el uso del lenguaje, en la voz, en la manera de caminar; ese sentido de humildad. Con esa humildad todo se vuelve gentil, pacífico, lleno de belleza. No tenemos nada de eso, pero visitamos museos, nos han educado con museos, cuadros, y hemos perdido la delicadeza, la sensibilidad de la mente, del corazón, del cuerpo; y si perdemos esa sensibilidad, ¿cómo podemos conocer la belleza? Si no tenemos sensibilidad, acudimos a que nos enseñen a ser sensibles. Ya sabe eso.

Anderson: Oh, lo sé.

Krishnamurti: Vamos a la universidad, a algún ashram o a cierto antro para aprender a ser sensibles. Sensibles a través del tacto, a través de..., ya sabe; se vuelve repugnante. Y bien, ¿cómo podemos, siendo usted profesor y maestro, cómo puede, señor, educar, eso es muy importante, a los estudiantes para que tengan esa cualidad? Por tanto, uno se pregunta: ¿para qué estamos educando? ¿Para qué nos educan? A todos nos educan. En Norteamérica, probablemente el 90% de las personas recibe educación; saben leer, escribir, todas estas cosas, pero ¿para qué?

Anderson: Aun así, es un hecho, al menos en mi experiencia en educación, clase tras clase, año tras año, que, con toda esa proliferación de publicaciones y las llamadas técnicas educativas, los estudiantes tienen menos interés en la palabra escrita y hablada del que tenían años atrás; lo recuerdo perfectamente. Tal vez la experiencia de otros profesores es diferente, pero he observado esto en mis clases, y la respuesta que suelo obtener cuando hablo de ello a mis colegas es: « Bueno, el problema viene de la escuela secundaria ». Pero si hablo con el pobre profesor de secundaria, él culpa la escuela primaria. Así, tenemos malas escuelas primarias, secundarias, institutos y universidades, porque siempre seguimos donde lo dejamos, y cada año es un poco más bajo que el anterior.

Krishnamurti: Señor, por eso cuando he hablado en diferentes universidades, etc., siempre he sentido: ¿para qué nos educan? ¿Para convertirnos en simples oficinistas pretenciosos?

Anderson: Ese es el resultado final.

Krishnamurti: Por supuesto que lo es. Hombres de negocios pretenciosos y Dios sabe qué más. ¿Para qué? Si tuviera un hijo, ese sería un problema tremendo para mí. Afortunadamente no tengo hijos, pero sería una pregunta candente para mí: ¿qué debo hacer con mis hijos? ¿Mandarlos a todas estas escuelas donde solo les enseñan a leer y escribir un libro, memorizar y olvidarse de todo el campo del vivir? Les hablan de sexo, de reproducción, de todas estas cosas. ¿Pero qué? Siento, señor, que para mí esa es una cuestión tremendamente importante, porque soy responsable de siete escuelas en la India, una en Inglaterra, y vamos a establecer otra aquí en California. Es una pregunta candente: ¿qué estamos haciendo con nuestros hijos? Los convertimos en robots, en hábiles y astutos oficinistas, en grandes científicos que inventan esto o aquello; y se vuelven seres humanos vulgares, insignificantes e inmaduros, con mentes mezquinas, ¿entiende señor?

Anderson: Entiendo, entiendo.

Krishnamurti: Entonces, cuando habla de belleza, ¿puede un ser humano explicarle a otro, educar a otro para que crezca en la belleza, en la bondad, para que florezca en gran afecto y cariño? Porque si no hacemos eso destruiremos la Tierra, como está sucediendo ahora; contaminamos el aire. Los seres humanos estamos destruyendo todo lo que tocamos. Así, esto es un asunto muy serio. Cuando hablamos de la belleza, del placer, del miedo, de la relación, del orden, de todo esto, ninguna de estas cosas se enseñan en la escuela.

Anderson: No. Ayer saqué este tema en mi clase, les hice esa misma pregunta, y todos estaban muy dispuestos a admitir que aquí estamos, en un avanzado curso universitario, y nunca han escuchado nada de todo esto.

Krishnamurti: Es trágico, ¿entiende, señor?

Anderson: Además, no sabemos si realmente lo escuchamos por lo que es, porque nunca lo hemos escuchado; aún debemos profundizar en todo eso para descubrir si realmente escuchamos.

Krishnamurti: Y si el profesor o la persona que ejerce de profesor es lo suficiente honesto para decir: « No sé; voy a aprender sobre todas estas cosas ». Así, señor, por eso la civilización occidental, no la estoy condenando, solo observando, la civilización occidental se interesa principalmente en el comercialismo, en el consumismo, en una sociedad inmoral. Cuando hablamos de la transformación del hombre, no en el campo del conocimiento o del tiempo, sino más allá, ¿a quién le interesa? ¿Entiende, señor? ¿A quién le preocupa realmente? Porque la madre sale a trabajar, a ganarse la vida, el padre también, y el hijo solo es un incidente.

Anderson: Ahora bien, como consecuencia, sé que esto probablemente parecerá una afirmación asombrosa y extravagante, pero creo que ahora estamos en un punto donde, si alguien plantea esta cuestión en el nivel en que usted lo hace, si lo hace un joven en sus años de adolescencia, digamos, y no lo suelta, se queda agarrado al tema, por así decirlo, surge la pregunta de si es un chico normal.

Krishnamurti: Sí, sí, exacto.

Anderson: Y eso me recuerda a Sócrates, quien tenía muy claro que solo sabía una cosa: que no sabía nada; no tuvo que decirlo muchas veces, pero lo dijo las suficientes veces para que lo mataran, pero al menos... lo tomaron lo suficientemente en serio para matarlo. Hoy en día le encerrarían en alguna institución para estudiarlo, para investigar todo eso.

Krishnamurti: Esto es lo que sucede en Rusia: le mandan a uno al manicomio...

Anderson: Exacto.

Krishnamurti: ...o a un hospital mental y lo destruyen. Señor, aquí lo descuidamos todo por un beneficio superficial, por dinero. Dinero significa poder, posición, autoridad, todo; dinero.

Anderson: Regresamos a la cuestión del éxito que usted mencionaba antes. Siempre después, siempre más tarde, en la línea horizontal. Sí. Quería compartir con usted, cuando hablaba de la naturaleza, algo irónico desde el punto de vista de la erudición: pensé en los maravillosos himnos védicos a la Aurora.

Krishnamurti: Oh, sí.

Anderson: La forma de surgir la Aurora, con los dedos rosados... Y ha sorprendido a los estudiosos que el número de himnos a la Aurora, en comparación, son pocos comparados con los dedicados a otros dioses, pero en el estudio el interés se pone no en la calidad del himno, revelando por qué hay una belleza tan extraordinaria en las cadencias asociadas con ella, para lo que bastaría con uno; no necesitaría 25. Lo importante es que es extraordinario que tengamos muy pocos himnos y, no obstante, sean de una belleza maravillosa. Lo que el número tiene que ver con todo esto es algo que nunca me he explicado en términos del entorno en que he estudiado sánscrito y el Veda. Lo importante es descubrir qué Dios, en este caso Indra, se menciona más a menudo en el Rig Veda. Por supuesto, no estoy diciendo que debe pasarse por alto la cantidad; no es eso, sino que si se abordara la cuestión como usted lo investiga, más y más profundamente, entonces creo que la erudición tomaría un camino muy diferente. Nos deberían haber enseñado a sentarnos y dejar que el himno se exprese por sí mismo, dejar de medirlo.

Krishnamurti: Sí, señor.

Anderson: Sí, sí, por favor, siga.

Krishnamurti: Esto es lo que iba a decir. Mire, cuando hablamos de belleza, pasión y sufrimiento, debemos preguntarnos: ¿qué es la acción? Porque tiene relación con todo esto.

Anderson: Sí, por supuesto.

Krishnamurti: ¿Qué es la acción? Porque la vida es acción, vivir es acción, hablar es acción, todo es acción, estar sentado aquí es acción; hablar, dialogar, discutir, examinar esto es una serie de acciones, un movimiento en la acción. Y bien, ¿qué es la acción? Es evidente que acción significa actuar ahora, no haber actuado o actuar en el futuro. Es el presente activo de la palabra « actuar », que es actuar todo el tiempo. Es un movimiento en el tiempo y fuera del tiempo; investigaremos esto un poco más tarde. ¿Cuál es la acción que no genera sufrimiento? ¿Entiende? Uno tiene que hacerse esa pregunta, porque cada acción, como hacemos ahora, es arrepentimiento, contradicción, la sensación de un movimiento sin sentido, represión, conformidad, etc. Eso es acción para la mayoría: la rutina, la repetición, el recuerdo de cosas pasadas y el actuar según estos recuerdos. A menos que uno comprenda muy hondamente qué es la acción, no podrá comprender qué es el sufrimiento. Tenemos acción, sufrimiento, pasión y belleza. Van juntas; no están separadas con la belleza al final y la acción al principio. No es así; es una sola cosa. Entonces, si lo miramos, ¿qué es la acción? Hasta donde sabemos, la acción se ajusta a una fórmula, a un concepto, a una ideología. La ideología comunista, la capitalista, la socialista, la ideología cristiana, de Jesucristo, o la ideología hindú. Así, la acción es la aproximación a una idea. Actúo según mi concepto. Ese concepto es tradicional, o lo he creado yo, o lo ha creado un experto. Lenin, Marx lo han formulado y yo me ajusto a lo que piensan Lenin, Marx... La acción responde a un patrón, ¿entiende?

Anderson: Sí, entiendo. Pensaba que bajo estas tiranías uno es literalmente guiado.

Krishnamurti: Absolutamente: guiado, condicionado, insensibilizado. Nada importa excepto las ideas y desarrollar estas ideas. Mire lo que sucede en China, en Rusia.

Anderson: Oh, sí, sí, lo hago.

Krishnamurti: Y aquí pasa lo mismo, aunque de otra forma. Así, la acción, tal como la conocemos ahora, es seguir un patrón, ya sea futuro o pasado; desarrollar una idea, una resolución o una decisión que realizo actuando. El pasado está actuando; por tanto, no es acción. No sé si estoy...

Anderson: Sí, sí. Me doy cuenta del hecho de que padecemos la convicción radical que si no creamos un patrón no habrá orden.

Krishnamurti: ¿Entiende lo que está sucediendo, señor? Un orden según un patrón.

Anderson: Sí, preconcebido, sí.

Krishnamurti: Y, por tanto, es desorden, contra el cual una mente inteligente lucha, lucha en el sentido de rebeldía. Por eso es tan importante, para comprender qué es la belleza, que comprendamos qué es la acción. ¿Puede haber una acción sin una idea? Idea significa, seguro que lo sabe de los griegos, significa ver. Mire lo que hemos hecho, señor. La palabra es « ver ». Es decir, ver y actuar; no es ver, sacar una conclusión de ahí y actuar según esa conclusión. ¿Lo ve?

Anderson: Oh, sí, sí.

Krishnamurti: Percibir, y luego de esa percepción sacar una creencia, una idea, una fórmula, y actuar según esa creencia, idea o fórmula. Así, nos alejamos de la percepción. Solo actuamos según una fórmula; por tanto, mecánicamente. Señor, mire lo mecánicas que son nuestras mentes.

Anderson: Es obvio.

Krishnamurti: Sí, señor, es obvio.

Anderson: Pensaba en la escultura griega y su diferencia con la escultura romana; las mejores esculturas griegas antiguas son...

Krishnamurti: Del período de Pericles, etc.

Anderson: ...extremadamente contemplativas. Se ha comentado que los romanos tienen un don para la escultura en piedra y, por supuesto...

Krishnamurti: Para la ley y el orden, todo esto.

Anderson: Sí, y por supuesto uno puede ver su notable interés por la personalidad. Mientras le escuchaba, pensaba algo que nunca antes había pensado: que la estatua griega, acerca de la que uno se pregunta a veces, bueno, la cara no refleja personalidad alguna. Tal vez ese ojo tranquilo se dio cuenta de que uno no imprime la piedra con algo que debe emerger del acto en sí mismo.

Krishnamurti: Sí, eso es.

Anderson: Porque uno hace algo esperando que suceda. Los griegos tenían razón; es una expresión de la relación con una forma que es interna. Captaron esto muy bien. Ese captar permite que el esplendor surja, más que la idea de que lo debemos representar. Sí, le estoy siguiendo, entiendo.

Krishnamurti: Mire, señor, por eso uno debe hacerse esa pregunta fundamental: ¿qué es la acción? ¿Es una repetición? ¿Es una imitación? ¿Es un ajuste entre « lo que es » y « lo que debería ser » o « lo que ha sido »? ¿O se trata de conformarse a un patrón, a una creencia o a una fórmula? Si es así, entonces el conflicto es inevitable. Porque entre la idea y la acción hay un intervalo, un espacio de tiempo entre ambos, y en ese intervalo suceden muchas cosas. Es una división en la que suceden otros incidentes; por tanto, es inevitable que haya conflicto. Así, la acción nunca es completa, nunca es total, nunca es definitiva. Acción significa terminar. El otro día usó la palabra « vedanta ». Me dijeron que significa el fin del conocimiento; no la continuidad del conocimiento, sino el fin. Y bien, ¿existe una acción que no dependa del pasado como tiempo, del futuro, de una fórmula, de una creencia o de una idea, sino acción? Ver es actuar.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Entonces, que el ver sea el actuar se convierte en un extraordinario movimiento en libertad. Lo otro no es libertad. Señor, los comunistas dicen que no existe tal cosa como la libertad, que es una idea burguesa. Claro que es una idea burguesa, porque viven de ideas, de conceptos, no de acciones. Viven según ciertas ideas y ponen en práctica estas ideas, pero eso no es acción, no es actuar. No sé si...

Anderson: Oh, sí, sí. Solo pensaba.

Krishnamurti: Es lo que hacemos en Occidente, en Oriente, en todo el mundo: actuar según una fórmula, una idea, una creencia, una conclusión, una decisión; nunca es ver y actuar.

Anderson: Pensaba en el gato, ese maravilloso animal, el gato.

Krishnamurti: El gato, oh, sí.

Anderson: Su cara es casi solo ojos.

Krishnamurti: Sí.

Anderson: No digo que lo esté midiendo con un medidor; no es eso. Y no adiestramos a los gatos como a los perros. Creo que corrompemos a los perros, pero los gatos simplemente no se dejan corromper. Me parece una gran ironía que en la Edad Media quemaran a los gatos junto con las brujas.

Krishnamurti: Los antiguos egipcios adoraban a los gatos.

Anderson: Sí. El enorme ojo del gato. Hace tiempo leí que el esqueleto de los gatos es la estructura más perfecta de los mamíferos, el más adaptado a su función.

Krishnamurti: Correcto.

Anderson: Y creo que una de las oportunidades más profundas de agradecimiento en mi vida fue vivir con una gata, y me enseñó cómo terminar. Sin embargo, sufrí una gran agonía interna antes de comprender lo que hacía. Podríamos decir que era como si estuviera cumpliendo una misión sin, por supuesto, ser un misionero en su sentido común.

Krishnamurti: Sí, señor, mire: uno empieza a ver qué es la libertad cuando actúa.

Anderson: Exacto.

Krishnamurti: Y ese ver en la acción no se da cuando hay un observador, que es el pasado, la fórmula, el concepto, la creencia. Ese observador se entromete entre la percepción y la acción. El observador es el factor que divide; es la idea y la conclusión en acción. Así, ¿podemos actuar solo cuando hay percepción? Eso hacemos, señor, cuando estamos en el borde de un precipicio; ver el peligro es acción instantánea.

Anderson: Si recuerdo bien, la palabra « alerta » viene del italiano y se refiere a estar al borde de un precipicio.

Krishnamurti: Un precipicio, exacto.

Anderson: Esto es muy serio.

Krishnamurti: Mire, es muy interesante: estamos condicionados al peligro de un precipicio, de una serpiente, de un animal peligroso, etc.; estamos condicionados. Y también estamos condicionados a esta idea: uno debe actuar en base a una idea, de lo contrario no hay acción.

Anderson: Sí, eso nos condiciona.

Krishnamurti: Eso.

Anderson: Oh, sí, terriblemente.

Krishnamurti: Terriblemente. De modo que estamos condicionados al peligro, y condicionados al hecho de que no podemos actuar sin una fórmula, sin un concepto, sin una creencia, etc. Ambos son factores de nuestro condicionamiento. Y ahora llega alguien y dice: « Mire, eso no es acción; no es más que una repetición de lo que ha sido, modificado, pero no es acción; acción es cuando ve y actúa ».

Anderson: Y la reacción a esto es: « Oh, ya veo; tiene una nueva definición de la acción ».

Krishnamurti: No es una definición.

Anderson: Sí, por supuesto que no.

Krishnamurti: He hecho esto toda mi vida; veo algo y lo hago.

Anderson: Sí.

Krishnamurti: Por ejemplo, como quizá ya sabe, no estoy siendo personal ni nada de esto, una gran organización, una organización espiritual con miles de seguidores, con una gran extensión de tierra, 5.000 acres, castillos, dinero, etc., se constituyó a mi alrededor cuando era un niño. Y en 1928 dije: « Todo esto es incorrecto ». La disolví, devolví las propiedades, etc. Vi lo incorrecto que era. Lo vi: no eran conclusiones, comparaciones, o sea, como han hecho las religiones. Lo vi y actué. Por consiguiente, nunca me he arrepentido.

Anderson: Maravilloso.

Krishnamurti: Nunca dije: « Oh, he cometido un error, porque no tendré a nadie en quien apoyarme ». ¿Entiende?

Anderson: Sí, entiendo. En nuestro próximo diálogo, ¿podríamos relacionar la belleza con el ver?

Krishnamurti: Ahí me dirigía.

Anderson: Oh, excelente. Sí, es maravilloso.

Noveno Conversación con Dr. Allan W. Anderson

Lunes 18 Febrero 1974

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